De difícil comprensiónLuis del Val
18/10/05De la misma manera que la vida es demasiado corta para entender la naturaleza del nacionalismo vasco, la falta de tradición del tripartito resulta excesivamente reciente para que lo podamos discernir. Si Dios habla con
Bush, el Alma Catalana, en sábana esotérica, se le debe aparecer por las noches a
Carod Rovira, porque cuando éste se manifiesta lo hace como si fuera el representante de las esencias de los seis millones de habitantes que viven en el antiguo Principado. Y, si Carod se manifiesta,
Maragall se pronuncia, porque en esta alianza nada es sencillo y la mayor parte de los asuntos tienden a la prosopopeya, a lo trascendente y al empaque.
Esto de vivir cada día una fecha histórica tiene que desgastar una barbaridad y pesar como una losa. La mayoría de los ciudadanos nos levantamos con preocupaciones vulgares -que si pasar el coche por la ITV, que si asistir a la reunión de la APA, que si llamar al fontanero para el radiador- asuntos casi despreciables, sí, pero que forman parte de la vida. Ahora bien, levantarse todas las mañanas para escribir una página en la Nueva Historia de Cataluña debe de tener efectos secundarios todavía sin estudiar. Sin esos efectos no se explica que un día, en el Parlament, Maragall hablara del 3%, y se organizara un gatuperio de considerables dimensiones, porque de las cosas de comer los partidos no se habla, y está muy mal visto que una puta acuse a otra de falta de pudor.
Ahora, el embrollo llega con una remodelación de gobierno que no quieren ni los socialista, ni los de Ezquerra y que, naturalmente, no quieren los consellers, que no son tontos, y les empieza a oler el sillón a pólvora de despedida. Ni siquiera lo desea CiU, que se añade al tripartito para que sea una cuadrilla, o sea, un conjunto de cuatro, con lo que el tripartito empieza a ser raro, incluso por la denominación. En estas condiciones, donde tres son cuatro y lo que dice el jefe no le gusta a nadie, es muy difícil que un ser normal llegue a comprenderlo.
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