Laporta, Carrillo, Haro
Antonio Casado21/10/05El vodevil, un género tan español, está triunfando en Cataluña a medida que el estrepitoso debate sobre el Estatut gana en voz y sonido, con
Maragall y
Carod Rovira en los papeles principales. Estamos ante un nuevo vodevil, aunque acaba de caer el telón con el digno mutis de don
Alejandro Echevarría. ¿Un españolista en el muy nacionalista equipo de
Joan Laporta? Qué horror, debió pensar éste. Qué horror, decimos los seguidores del Barça por tener un presidente que desconoce la Constitución -o la conoce y la incumple, lo que sería peor- y mezcla churras con merinas.
A lo que íbamos. En este caso, protagonistas menores de una comedia menor. La acabamos de vivir en el seno del Barcelona C. De F., a cuenta de un directivo pillado en falta. La mancha de su biografía consiste en sus más o menos antiguas concomitancias con el franquismo. Y a partir de ahí, toda esa cadena de despropósitos escenificada en declaraciones, desmentidos, aclaraciones, rectificaciones, dije pero quise decir, dijo pero no le se entendió, dimite pero no lo echamos... O sea, el genuino vodevil con una trama de fondo absurda como en
'El proceso por la sombra de un asno' (del suizo Durremant).
Al final se extravía el objeto de la discusión y ya no se sabe de qué se discute porque, como en los vodeviles, se cruzan las excusas o razones ocasionales que ocultan la cuestión de fondo. Por eso finalmente se ha atribuido la presión sobre Alejandro Echevarría, y el desenlace de su dimisión, no exigida por Joan Laporta, al hecho de que hubiera mentido sobre su pertenencia a la Fundación Francisco Franco. Pero la realidad, lamentable, penosa, es que el señor Laporta ha hecho verosímil un supuesto y extemporáneo cabreo del barcelonismo por haber descubierto a un
'facha' entre sus directivos. La formulación es estúpida porque cada cual puede tener las ideas políticas o religiosas que le de la gana, siempre que no interfieran en su trabajo (estamos hablando de un equipo de futbol). Por tanto, sólo queda señalar al señor Laporta, que sí ha dado pruebas de querer mezclar el futbol con la política, como el responsable de este estúpido vodevil a la catalana.
Lo demás son excusas. Como las de quienes se irritan por un reconocimiento universitario a
Santiago Carrillo. Dicen que su malestar es debido al malsano propósito de
Zapatero de revisar la historia, pero callan la boca si quien la revisa es
César Vidal o
Pío Moa. Son los mismos que echan basura sobre el periodista fallecido
Eduardo Haro. Como Laporta no soporta a un franquista en sus filas, estos necios no soportan a quienes, en su día, apostaron por la media España que no está en su media cabeza. Y no hay más.
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