Desayuno con Carod
Antonio Casado05/10/05Este miércoles 5, los líderes catalanes pasaron por Madrid. Se dejaron ver y hablaron de su buena disposición al diálogo y al entendimiento para alcanzar pactos, para pactar lo que sea hasta lograr el encaje constitucional del borrador fletado hace unos días por el Parlament.
"Y si no encaja, lo pactamos para que encaje", dijo el líder de ERC,
Carod Rovira, que abrió en los Desayunos de Europa Press la agenda del paso por Madrid de los líderes catalanes que respaldan el proyecto de Estatut.
Venía con el argumentario concertado la víspera en una reunión de dichos líderes con
Pasqual Maragall.
"Venimos a Madrid a pactar", "
Todo es negociable", "Es el momento del acuerdo y no de la confrontación"... Era la consigna en el día de la entrada del proyecto en el registro del Congreso, trámite cubierto con diligencia por el presidente del Parlament,
Ernest Benach, antes de hacerse la foto con el presidente del Congreso,
Manuel Marín.
"El Estatut es una mano tendida a los pueblos de España para competir en igualdad de condiciones y en igualdad de derechos", dijo después de haber lamentado por enésima vez que, a diferencia de lo que ocurre en otras comunidades, el esfuerzo fiscal de Cataluña no se ve en absoluto compensado en inversiones públicas.
Al margen de otras discusiones identitarias de discutible encaje en el texto constitucional, Carod volvió a mostrarse sumamente motivado por esa generosidad catalana con el resto de España, según él, mal pagada con el sambenito de que los catalanes son insolidarios.
Ahí tenemos un atasco serio. O le falta razón o lo explica fatal. Pero uno sigue sin entender la resistencia de Carod, y otros, a admitir que el concepto de solidaridad, al menos en clave de izquierdas, como la que él dice abrazar, se articula más en función de los ciudadanos que de los territorios, de modo que nadie quede condenado a la indigencia por vivir en zonas deprimidas o alejadas del desarrollo industrial.
Por lo demás, Carod volvió a desplegar, muy a pesar suyo, casi sin darse cuenta, ese discurso conminatorio propio del nacionalismo. Sugiere un recorte en la voluntad de pacto si hay recorte en la voluntad de autogobierno, por ejemplo. O pide para el Parlament el mismo respeto que otros pedimos para el Congreso. Hombre, respeto, sí, pero no transferencia de potestad, pues no es la voluntad del Parlament sino la del Congreso la que, según las reglas del juego, aprueba o rechaza una proposición de ley orgánica, tan española como el Código Penal o la Ley de Carreteras
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