Bono en el Congreso
Carlos Carnicero23/08/05El ministro de Defensa comparece este martes en el Congreso, a petición propia, para explicar el accidente que costó la vida a nuestros diecisiete soldados en Afganistán. El Congreso y el propio
Bono no hacen sino cumplir con la labor de dar a conocer, de primera mano, la información oficial de lo ocurrido y proponer cualquier medida, en el ámbito de la competencia de la Cámara, que se desprenda de la pesquisa obtenida. Lo que no parece muy razonable es que, en vísperas de la comparecencia, el partido de la oposición ya haya enjuiciado un contenido que no conoce y haya calificado la comparecencia del ministro como
"que va a montar un numerito". Esta forma de actuar es una magnífica fotografía del funcionamiento parlamentario del PP. Da igual lo que se diga, no importa la información y la documentación que se aporte, porque de antemano las huestes de
Rafael Hernando tienen decidido montar su propio espectáculo de rechazo a cualquier funcionamiento razonable de la institución que representa la soberanía popular.
Hasta la fecha, y con una diferencia insoportable del comportamiento de
Federico Trillo con el accidente del Yak-42, la conducta del ministro Bono y de su departamento en este desgraciado suceso ha sido impecable. Es de suponer que la comparación sea odiosa para quienes han permitido la indignidad de que Federico Trillo siga siendo diputado, ya que él no ha tenido la hombría de bien de asumir sus propias responsabilidades políticas. Está claro que el PP quiere bronca parlamentaria a cualquier precio y que ese camino les está llevando de derrota electoral en derrota electoral y a una caída en la adhesión de sus posibles votantes.
A nadie se le puede prohibir el suicidio político, pero es un grave error el que comete el PP y un perjuicio grave para el conjunto de nuestro sistema parlamentario, porque España necesita un partido conservador serio, moderno y europeo, que pueda ser alternativa de poder y que permita que la política se desarrolle en un clima de sosiego y de tranquilidad que estimule la participación de los ciudadanos y no provoque rechazo, confrontación y repulsa. Pero al final, cada uno es responsable de sus actos y de la imagen que se trasmite de los mismos.
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