¿Hablamos de política?
Gabriel Otalora
13/07/2005
Cómo ha cambiado el gusto por la política entendida como construcción del bien común de personas concretas, sus necesidades y los derechos individuales y colectivos... ¿Qué queda de la ilusión colectiva?
El desprestigio de los políticos viene cuando se hurta el debate de las ideas ganando peso el Estado-aparato y estructura como la CEE frente al Estado-sociedad. Los partidos se esfuerzan en edulcolorar sus programas pensando en el centro sociológico, auténtico cementerio de ideologías. ¿Qué alternancia cabe entre partidos que piensan lo mismo, con pequeños matices menores por toda diferenciación? Ya no hay ciudadanos sino "clientes", en expresión de J. Habermas. Solo se salvan los sentimientos nacionalistas con y sin Estado.
La política se creó para otra cosa; tiene que ver con la educación para la vida buena (ética) y con el esfuerzo por mejorar la vida de las personas. La política tienen su poder legítimo en razón de los fines; y esos fines exigibles se resumen en el bien común de los ciudadanos, no en el bien del Estado en sí mismo, ya desde Platón y Aristóteles.
La caída del muro de Berlín consolidó al capitalismo de la trivialización materialista de la vida, a la que se le ha despojado de toda ilusión utópica. Y con el atentado del 11-S se legalizó una variante del Estado policial. La libertad está en peligro, pero más que a la manera que lo cuentan Bush o Aznar, como un exceso de pragmatismo que minimiza todo lo demás, incluidas las personas en aras a controlar el mundo. La alta política se dedica demasiado a engordar la libertad del mercado y a la conservación del poder quedando semioculto el mucho buen hacer de políticos más a pie de calle, que trabajan por el bien común.
Para ser algo más que la administración de individuos, la política tiene que ponerse a la escucha del sufrimiento humano (Lytta Basset). A Jesucristo le mataron por reivindicar un comportamiento más justo y denunciar a aquellos dirigentes. Se metió de lleno en política por amor al cuestionar de raíz aquella injusticia cívico-religiosa. Por lo mismo, los romanos persiguieron a sus seguidores. Y los cristianos de hoy estamos siendo muy cuestionados sobre si somos un ejemplo o un problema.
Se puede entrar en política a la manera de Chaney, de Mandela, de Zaplana o de Jesús de Nazareth, que tanto se preocupó ejemplarizando un mundo mejor.