Ingenuidad europeaLuis del Val14/07/2005
El descubrimiento de que los autores del terrible atentado de Londres sean comandos suicidas ha sorprendido a los europeos, que vivimos el fenómeno con peligrosa ingenuidad. No hay semana en la que no nos vengan noticias de que en Israel o en Bagdad, o en Pakistán, o en la India, un terrorista ha decidido morir con las bombas que lleva consigo. Quiero decir que estamos debidamente informados. Suicidas eran los terroristas de Nueva York, y no dudaron en suicidarse, al ser descubiertos, algunos de los implicados en el atentado de Madrid. ¿Por qué nos extraña que lo que sucede en Israel no pueda suceder en París o en Roma?
He escuchado relatos de viajeros que regresan de Nueva York, y algunos hablan de las medidas de seguridad aeroportuarias como si fuera algo más terrible que destripar trabajadores en el metro a primera hora de la mañana. La diferencia entre un ciudadano estadounidense y otro europeo, ante las precauciones antiterroristas, es que el estadounidense se lo toma como una obligación ineludible, mientras que el europeo piensa que la mayoría de las medidas son deseos de menoscabar la libertad y de fastidiarnos.
Otra ingenuidad confusa es la de establecer la relación entre pobreza y terrorismo, como la de causa efecto. Y no siempre es así. En el País Vasco no hay pobreza, al contrario, es una sociedad con una alta renta per cápita y, sin embargo, hay terrorismo. Es cierto que los irlandeses católicos son más pobres que los protestantes, pero su nivel de vida es un lujo comparado con algunas zonas del Caribe o de América del Sur, donde no hay terrorismo.
Están surgiendo en Europa jóvenes extremistas, fanáticos del Islam, dispuestos a sacrificar su vida a través del terrorismo. No son pobres, ni miserables. Son ya la tercera generación nacida aquí, y tienen poder adquisitivo. Pero nuestra ingenuidad europea los transforma en invisibles.
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