¡Nacionalistas, fuera!
Francesc de P. Burguera
13/07/2005
El señor Jiménez de Parga, ex presidente del Tribunal Constitucional, ha pedido la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General para que obtengan representación parlamentaria, únicamente, los partidos que obtengan el 5 por ciento de representación a nivel nacional y no por circunscripciones, como ahora. De esta forma, las Cortes Generales estarían formadas sólo por el PP y el PSOE y, en algún caso, los "neocomunistas" de IU. Es decir, el señor Jiménez de Parga quiere que se prohíba la presencia de los partidos nacionalistas en la institución donde reside la soberanía popular. ¿Será porque los nacionalistas 'huelen mal'?
Recuérdese que siendo presidente del TC, tuvo aquella ocurrencia de decir que, mientras los ciudadanos de Euskadi o Cataluña estaban tan atrasados en tiempos pasados, que no se lavaban, que no conocían lo que era bañarse, en su Granada natal y musulmana, sus moradores ya se bañaban a diario y se perfumaban en sus famosos baños árabes. No se le ocurrió mayor estupidez para mostrar su rechazo a los nacionalistas que ofender a todos los ciudadanos de sus territorios. Entre los cuales no todos son nacionalistas. Es de suponer que, a estas alturas, vascos y catalanes ya habrán descubierto los beneficios que reporta la higiene corporal.
Pues nada, ahí tenemos a este ciudadano, ilustre jurista que ha llegado a ocupar el alto argo que supone la presidencia del TC, y demócrata de postín en tiempos de la transición, prohibiendo que opciones políticas que representan una parte importante de la voluntad popular, accedan a las Cortes Generales que deben representar esa voluntad expresada libremente por la totalidad de los ciudadanos. Con lo que España quedaría representada, únicamente, por el PP y el PSOE. Y en algún caso, por lo que el señor Jiménez de Parga denomina "neocomunistas" de IU. De un plumazo, los nacionalistas serían condenados al extraparlamentarismo. No tendrían ni voz ni voto a la hora de abordar los problemas del Estado en las Cortes Generales. "El Estado somos nosotros", podrían proclamar al alimón el PP y el PSOE. El Estado, es decir, España.
Excelente ocasión para que los nacionalistas justificasen su decisión de proclamar la independencia de sus territorios. Si España no nos admite, allá se las componga España. Lo cual bien pudiese contribuir a aumentar los partidarios de la independencia. ¿O acaso piensa el señor Jiménez de Parga que con esta propuesta se iba a acabar con el 'problema' de los nacionalismos? Uno comprende que, para algunos, la existencia de los nacionalismos suponga un 'problema'. Pero lo que no entiende es que, a la hora de afrontarlo, caigan en una especie de 'anorexia intelectual' que les conduzca a proponer soluciones como la que pide Jiménez de Parga. Lo que este señor propone es lo mismo que Franco, sólo que con ribetes y adornos 'democráticos'. Franco acabó con los nacionalismos prohibiendo su existencia política y persiguiendo y encarcelando a sus defensores.
Jiménez de Parga no se atreve a tanto, aunque me temo que ya le gustaría. Y recurre al subterfugio de una Ley Electoral que haga imposible su presencia en el Parlamento español. ¿Sería ésta una medida constitucional? ¿Una medida que garantizase la igualdad de todos los españoles a la hora de elegir su opción política en unas elecciones? ¿Por qué a la hora de discutir y votar, por ejemplo, la Ley de Presupuestos Generales del Estado en el Parlamento español, la voz de los ciudadanos que representan las opciones nacionalistas no ha de poder dejarse oír en la institución que representa la soberanía popular? ¿No son ciudadanos que pagan sus derechos como todos los demás? ¿Por qué han de ser marginados por sus ideas? ¿Pero qué concepto de la democracia tiene el señor Jiménez de Parga? Como dijo aquél, "¡qué país, Miquelarena!".
Francesc de P. Burguera.- fburguera@inves.es
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