El problema de Rajoy
Fermín Bocos
13/07/05
Cuentan por Madrid que el alcalde Ruiz Gallardón está triste. A la decepción de Singapur se une que Mariano Rajoy parece haber aplazado 'ad calendas grecas' el plan de renovación de la cúpula del Partido Popular. Mariano Rajoy, que cada día que pasa parece que perfecciona el arte de la indecisión, dice que quiere viajar al centro, pero sigue anclado entre Acebes y Zaplana, los albaceas políticos de Aznar. El caso es que según cuentan en los aledaños de la calle Génova de Madrid, tanto Ana Pastor, como el mencionado Ruiz Gallardón y el hoy señalado Piqué estaban llamados a desempeñar cometidos de superior relieve en el escaparate político y mediático del PP. Piqué disparó el torpedo antes de tiempo y eso ha permitido reaccionar a sus antagonistas. Pese a las componendas de Rajoy sobre los manteles del restaurante 'Solchaga', la herida se cierra en falso.
De Acebes se decía que Valladolid podría ser un buen destino para alejar de Madrid una cara y un discurso que ineluctablemente conduce una y otra vez al 14-M y a la teoría de la conspiración, fantasía que ha hecho suya la extrema derecha mediática del país a la vista de que ayuda a vender periódicos. El porvenir político de Zaplana, al parecer, preocupa menos, habida cuenta de que su enfrentamiento con el presidente Camps (dirigente en alza dentro y fuera del PP) le ha hecho perder mucha fuerza en la Comunidad Valenciana.
El propio Rajoy ha perdido vigor político tras el resultado de las elecciones gallegas. Rajoy es gallego, pero sus paisanos no le reconocen o no han querido hacerlo con la fuerza suficiente como para que Fraga siguiera al frente de la Xunta. Si no media un Tamayo, como ocurrió hace dos años en Madrid cuando el candidato socialista Simancas fue traicionado por dos diputados (la repetición del proceso elevó a Esperanza Aguirre a la presidencia), dentro un mes Emilio Pérez Touriño entrará en el palacio de San Caetano, y ése será un día muy amargo para Mariano Rajoy, un hombre del que se dice, quizá con alguna exageración, que nunca ha tomado una decisión. Entre otras razones, por eso dicen que está triste el esforzado alcalde de Madrid. Lo que está claro es que Rajoy tiene un problema.
OTR/PRESS