La tensa noche del escrutinio gallego José Cavero
20/06/2005
Primero los sondeos: en el momento en que se cerraban los colegios electorales, las distintas empresas encargadas de adelantar el resultado electoral proporcionaron el fruto de sus investigaciones. Coincidían los datos de estas últimas encuestas en las encuestas elaboradas durante la campaña: Fraga volvía a ganar, pero la suma de socialistas y Bloque le arrebataban la victoria y el gobierno gallego. Luego, entre ocho y diez de la noche, el escrutinio, avanzaba y con él crecía la tensión: un escaño más o menos atribuido a los socialistas daba o quitaba la mayoría absoluta al PP de Fraga y de Rajoy, para la nueva legislatura. Establecidos en trece los diputados del BNG de Quintana, ¿serían finalmente veinticuatro o veinticinco los diputados socialistas, o treinta y siete o treinta y ocho los diputados populares? Ahí estaba la cuestión. En esa duda, y en establecer en qué medida, finalmente, los votos emitidos por correo ratificarían o enmendarían el dato del escrutinio más avanzado.
Para esas horas, a medida que se acercaban las diez de la noche, la tensión y los nervios se incrementaban en los hoteles en que habrían de celebrarse las victorias de cada cual o sus datos insuficientes. Ya era bastante apreciable que Anxo Quintana no había conseguido desarrollar las esperanzas que algunos depositaron en él. Su pérdida de votos y escaños complicaba seriamente la perspectiva de una victoria de la izquierda frente a Fraga que, ciertamente, no repetía, ni mucho menos mejoraba su mayoría absoluta de 41 escaños de la legislatura anterior, pero que oscilaba entre los cruciales 37 y 38, es decir, entre la derrota y su pase a la oposición, o la gloria de la quinta mayoría absoluta continuada. Ahora gana, ahora pierde el escaño 38, proclamaba el escrutinio, a medida que se echaban encima las diez de la noche, y cuando los portavoces de los partidos seguían resistiéndose a cantar victoria o a reconocer la derrota. Ya a esas horas resultaba claro que el PP perdía posiciones, pero mantenía la posición hegemónica. Que el PSOE de Touriño, más el efecto Zapatero, registraban un considerable avance, de los 17 a los 24-25. Y que el Bloque no había terminado de funcionar mínimamente, defraudando a su electorado y a los encuestadores, por igual. Con el 85 por ciento de los votos, Fraga estaba al borde de la mayoría absoluta o al borde de la derrota, según se prefiriera. Y bailaba, a su vez, de igual manera, el escaño 25 del socialismo gallego. Con el mismo porcentaje de votos escrutados, y con seis, ocho, diez puntos más del escrutinio, proclamaban los titulares de los diarios virtuales: Fraga al borde de perder, Fraga al borde de repetir la mayoría absoluta.
Rozado de manera permanente ese borde de la victoria o de la derrota, y después de verse victoriosos o derrotados una y otra vez, y a medida que avanzaba el escrutinio, -90, 92, 94, 96, 97,4 por ciento de votos escrutados- se contenía el aliento, siempre a la espera y pendientes de conocer la inclinación de los gallegos residentes fuera de Galicia. El reñidísimo pulso se mantenía: 37 para Fraga-PP y 38 para la suma de PSdG, 25, y los trece del BNG. Fraga mantenía o perdía la mayoría absoluta, y consiguientemente el gobierno de la Xunta. Finalmente, esa suma de 25 y 13 terminaba por imponerse, pero siempre a la espera de recontar los votos por correo.
Ya habían expresado los buenos conocedores de don Manuel su temor a que, llegadas las once de la noche, el veterano político se despidiera hasta mañana, hasta otra ocasión, o hasta nunca jamás. Como cuando reunía a los periodistas en torno a su queimada, y cuando llegaba la hora de retirarse, don Manuel se despedía sin posibilidad de atender ni una última cuestión pendiente.
OTR/PRESS