La copa de cava
Rafael Torres
13/06/05
La convivencia exquisita de las aficiones del Betis y del Osasuna durante su encuentro en Madrid, con ocasión de disputarse la final de la Copa, pone de relieve, por si hiciera falta a estas alturas, el perverso artificio político de quienes señalan y alientan inexistentes conflictos y tensiones tribales entre los españoles. Como los navarros y los andaluces, que disfrutaron juntos pese a la suerte desigual que habría de proporcionar el resultado del partido, así los vascos, los madrileños, los catalanes, los riojanos, los gallegos, los levantinos, los extremeños, los asturianos, los cántabros y los castellanos, conviven como personas ávidas de buena vecindad a poco que se dan ocasiones para ello.
Los conflictos territoriales, urdidos por políticos sectarios y sin talento para construir, magnificados por quienes prefieren instalar a los españoles en la desconfianza mutua y en el miedo, y alimentados, en suma, desde las pulsiones cainitas que nada tienen que ver con el nacionalismo razonablemente democrático, son, por desgracia, la única baza política que esgrime la reacción contra los designios de la realidad y de la voluntad mayoritaria delos españoles.
Aparecen cada día nuevos episodios de ese violentamiento de la convivencia, y cualquiera de ellos desvela la mala intención que lo anima, cual el caso del boicot al cava por parte de la derecha montaraz a consecuencia de su odio al político catalán
Carod Rovira y a sus declaraciones. Los bodegueros del cava catalán sufren las consecuencias de ese estúpido boicot, y algunos incluso culpan de él al propio Carod Rovira, cuando en ningún caso podría aceptarse, en democracia, semejante chantaje. Carod tiene todo el derecho, y aún la obligación ante sus correligionarios, a expresarse, y los fabricantes del rico cava a comercializar su producto sin que los adversarios de Carod abismen la política en sus fondos más turbios y marrulleros. Los aficionados navarros y andaluces brindaron juntos, cómo no, con cava.
OTR/PRESS