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"Ahora estamos en la época feliz para los directores de escena. No sé cuánto durará"

La soprano alicantina Ana María Sánchez, interpreta en el Teatro Real a Isabel de Valois, de la ópera 'Don Carlo' de Verdi. Ha tenido la gentileza de recibir a diarioDirecto.com para hablarnos de sus inicios como cantante, de su concepción del canto, de sus opiniones acerca de cuestiones candentes dentro del mundo operístico y de sus próximos proyectos. Una entrevista de Raúl Asenjo para diarioDirecto

Diario Directo: ¿Cómo surgió en ti la afición y la vocación al canto?

Ana María Sánchez: A mí me ha gustado cantar desde siempre. Mi primer contacto con la música fue en casa con la zarzuela. A los quince años entré a formar parte del Orfeón de Elda y allí conocí el repertorio polifónico renacentista español y europeo. Posteriormente, cuando entré en la Universidad de Alicante, el director del Orfeón, Antonio Ballester, pensó que yo tenía las cualidades necesarias para empezar a estudiar canto y me animó a que me matriculara en el conservatorio. Iba a la facultad por la mañana y por la tarde al conservatorio, y allí fue donde tuve mi primer contacto con la ópera.

dD: En Alicante estudiaste con Dolores Pérez..

A.M. Sánchez: Sí; una mujer extraordinaria, volcada en su trabajo docente, que adoraba a sus alumnos. Además de enseñarnos la técnica del canto nos animaba a ver ópera en directo, porque no quería que nuestro contacto con la ópera fuese sólo a través del disco. Convencida de que lo único válido es el directo, nos acompañó a ver una “Traviata” y una “Lakmé” en el Liceo, y un “Sansón” y una “Lucia” en La Zarzuela de Madrid. Para sus alumnos, la ópera en directo, fue el gran descubrimiento… y sus comentarios y reflexiones, siempre respetuosos hacia sus colegas, una gran lección.

dD: ¿Cómo fue el proceso de aprendizaje, de descubrimiento de tu voz con ella?

A.M. Sánchez: Ella hizo algo muy inteligente conmigo. Yo tenía 17 años cuando llegué al conservatorio. Estaba acostumbrada a cantar polifonía, tenía una voz sin desarrollar, y mi concepto del canto era fundirme con otras voces o instrumentos creando un conjunto, sin sobresalir. No fue fácil convencerme de que tenía que escuchar mi voz y trabajar en la impostación y la respiración para que se la escuchara en un teatro. Por eso, Dolores, sabiendo que mi voz tenía todavía mucho que cambiar, decidió que comenzáramos con ejercicios de soprano ligera. Pensaba que esto me ayudaría mucho en mi posterior evolución. Me pasé cuatro años ejercitando el diafragma, cantando coloraturas, agilidades…

dD: ¿Terminas la carrera de Filosofía y Letras en Alicante y te vienes a Madrid?

A.M. Sánchez: Termino el grado profesional de Canto y la carrera de Filología Hispánica en junio, y en septiembre comienzo a dar clases en el Liceo Francés de Alicante. Allí estuve trabajando durante siete años. Dolores padeció una rápida y tremenda enfermedad y falleció en pocos meses. Pero antes me señaló un poco el camino: quería que fuese a Madrid, a la Escuela Superior de Canto para completar mi formación. Y así lo hice. Pedí la excedencia en el colegio por un año e ingresé en la Escuela. Aproveché el tiempo al máximo acudiendo a conciertos, zarzuelas, ópera y decidiendo lo que quería hacer con mi vida; a partir de ese año, dejé la enseñanza y me dediqué por completo al canto.

dD: ¿Con qué edad tomaste esa determinación?

A.M. Sánchez: Con veintiséis años.

dD: Una edad que suele considerarse avanzada ya para esta carrera…

A. M. Sánchez: Claro. Una de las cosas que más “sacaba de quicio” a Dolores Pérez era que, precisamente por estar en la facultad, yo me tomara la carrera de canto casi como una afición y no como una profesión. “¡Qué desperdicio de voz!”, me decía. Le molestaba que, ya trabajando de profesora, estuviera seis horas diarias dando clases; pero, una de las pocas cosas que he tenido clara desde que tenía uso de razón, era que quería ser profesora. Lo conseguí, lo dejé por el canto, pero esa vocación sigue latente... Creo que estoy en un compás de espera.

dD: Aquí en Madrid estudiaste con Isabel Penagos, ¿qué aprendiste con ella?

A.M. Sánchez: Yo creo que reforzó la técnica vocal y me acercó a un tipo de repertorio mucho más amplio que comencé a interpretar a partir de entonces.

dD: Además de tus profesoras, ¿qué otras personas te han marcado más en el desarrollo de tu profesión?

A.M. Sánchez: De todas las personas con las que he trabajado, he aprendido algo: de unos cosas muy buenas y de otros, no tan buenas. De todo se puede sacar una enseñanza, aunque sea lo que no se debe hacer. Dolores Pérez me enseñó, además de la técnica, la disciplina del canto. Esta profesión no es una broma: hay muchas personas implicadas en una producción de ópera o en un concierto y no nos podemos permitir el lujo de no poner la parte que nos corresponde; formamos un equipo y hay que cumplir unos horarios, realizar unos ensayos, unos ejercicios…

dD: ¿Qué dificultades encontraste en tus inicios?

A.M. Sánchez: Cuando se está concluyendo la formación técnica inicial, hay que comenzar a hacer audiciones en los teatros, para que se conozca nuestra voz. Uno no va con la pretensión de recibir un papel protagonista en las primeras audiciones. Nadie apuesta por ti para un papel principal si no tienes ya experiencia en el escenario, pero empezar con un pequeño papel tampoco es fácil si tienes voz de Leonora. Esta era la explicación que me daban en los teatros.

Me encontraba con un problema: yo iba teniendo una edad en que había que empezar a cantar y los teatros no se decidían a apostar por mí. Mi primera aparición operística fue a los 34 años. Precisamente, en aquel primer “Nabucco”, durante los ensayos tenía a Matteo Manuguerra que me animaba, pues él empezó también tarde. Me decía: “Yo empecé a los 36 años y me ha sobrado tiempo. Tú tranquila”.

Hasta que, por fin, surgió la oportunidad de hacer de “cover” en el “Nabucco” en Palma de Mallorca. No es para mí un papel ideal, pero era la única manera de hacerme escuchar. Hice todos los ensayos con el maestro Romano Gandolfi, pero, a la hora del ensayo general, vino la soprano titular, cantó todas las funciones y yo, me marché, sin debutar.

En Palma, tienen la costumbre de repetir la ópera con mayor éxito de la temporada anterior. Volvía Nabucco y dirigía de nuevo el maestro Gandolfi, pero pidió que la Abigaille fuese yo. Así fue como debuté en la ópera. Desgraciadamente a última hora, lo tuvieron que operar del corazón y nunca llegó a dirigirme; pero fue la primera persona que confió en mí.

El siguiente papel lo conseguí también como “cover”, como Matilde de 'Guglielmo Tell', en Lisboa. Cinco actos, en francés, sin un solo corte… y salió bien. A pesar de los reparos iniciales del teatro, totalmente comprensibles (pues yo sólo había cantado una ópera en mi vida), los directores musical y de escena arriesgaron por mí y salió adelante.

dD: En tu repertorio encontramos un nombre sobre todo nombre: Verdi. El estilo de Verdi es muy exigente…

A. M. Sánchez: Todo tiene sus exigencias, no sólo Verdi. Es cierto que mis características vocales (color, tesitura, temperamento…) casan muy bien con la música de Verdi. Pero también me gusta mucho interpretar a Puccini, por ejemplo, cuyas obras no he tenido la oportunidad de cantar mucho. También Richard Strauss…

De todas formas hay que tener en cuenta que hay un repertorio ideal para la voz de un cantante, y otra cosa muy distinta que es el repertorio que los teatros deciden ofrecerte. Evidentemente uno no acepta repertorio que pueda perjudicar su instrumento, pero, a veces, hay que aceptar algunos títulos que se pueden resolver, pero que no son ideales para un cantante. Y digo cantante y no digo voz, porque también es importante sentirse cercano a un estilo o a un tipo de personajes para interpretarlos. En la actualidad, no siempre el repertorio lo elige el cantante. Muchas veces es la ley de la oferta y la demanda la que lo decide todo.

Considero que soy una soprano lírica pura y, en consecuencia, podría cantar Mimì o Butterfly; sin embargo, para algunos directores de escena hay unas características físicas que no responden a la imagen del personaje que ellos han soñado para una producción… Esos papeles idóneos para tu voz, por esta razón, no te los dan; te ofrecen otros que se aproximan bastante a las propias posibilidades, pero no son los más adecuados. Ahí está el ejemplo de Kraus, que dijo que iba a cantar un determinado número de óperas mejor que nadie y así lo hizo. Pero esa era la personalidad del maestro. Su tiempo y sus circunstancias fueron otras. Hoy esto es imposible llevarlo a cabo, porque, si no, nunca cantaríamos. Y esta situación es la que, en algunas ocasiones nos empuja a aceptar roles que son extremos para la voz…

dD: Estos papeles podrían ser los Donizetti…

A. M. Sánchez: No todos, pero alguno de ellos quizá sí sea límite para mi voz.

dD: ¿Cómo los afrontaste a pesar de saber que no eran los más adecuados por ser extremos?

A. M. Sánchez: Desde mi punto de vista, éstos fueron escritos para las sopranos dramáticas de coloratura, voz que, en la actualidad, no existe. Por otra parte, quizás con la afinación de la época, no serían tan extremos.

El problema no es dar una nota, sino llegar a ella. Si la tesitura en que estás cantando es medio tono superior a lo que pensó el autor, estás forzando ese registro. Por lo tanto, sólo queda la traslación de las tesituras. Así tenemos a Gruberova cantando “Roberto Devereux”, que lo resuelve magníficamente, porque se lo lleva a su terreno, añadiendo notas, adornos y le queda muy bien. Pero ese no es el color de la voz de la reina en Roberto Devereux… Para mí, Elisabetta es, por ejemplo, Leila Gencer.

En la actualidad, se recurre a voces líricas con tintes spinto, a falta de dramáticas de coloratura, pero no es lo ideal.

Tampoco se puede volver a la afinación original, a pesar del esfuerzo de muchos, como Óscar Esplá, por resolver la controversia del diapasón. No es una cuestión baladí, porque, cuando un autor escribe en una tonalidad determinada, está pensando en un color de voz, con unos armónicos muy definidos. Este color es importantísimo para la creación y recreación del personaje; en mi caso, es un elemento primordial.

dD: Pregunta del millón: ¿existe una o diversas técnicas?

A. M. Sánchez: Creo que hay una única técnica, que se basa en la respiración, en la impostación de la voz y el uso de los resonadores. Pero, afortunadamente, cada persona es distinta: cada cual posee una capacidad pulmonar determinada, la caja torácica puede ser más ancha o más estrecha, la estructura ósea de los resonadores cambian en cada caso… Por ello, el resultado de esa técnica única es diferente en cada persona. El camino a seguir es uno, pero, luego cada uno tiene que conocerse y aplicar esa técnica a sus características para sacar provecho de sus puntos fuertes y resolver sus propias limitaciones.

Ésta es la gran dificultad del canto. Describirlo científicamente es relativamente sencillo, pero otra cosa es explicar la técnica, enseñarla, personalizarla. Nos tenemos que valer de imágenes, porque estamos tratando de conseguir sonidos bellos u horribles (según lo que exija la obra en cada momento), sonidos que conmuevan al espectador...Por eso hay que conocer muy bien al alumno, y conocer con qué tipo de explicaciones le puedes ayudar.

dD: ¿Crees que son razones de técnica mal entendida las que están causando que hoy los cantantes tengan carreras tan cortas, o es el mercado de la ópera que explota voces sin miramiento alguno?

A. M. Sánchez: No sabría decirte si parte de la culpa la tiene el mercado que mencionas. Es cierto que de vez en cuando, lanzan a algunos cantantes y, de momento, se hacen imprescindibles en todos los teatros y, quizás cantan más de la cuenta. Puede ser eso… El agotamiento no tiene por qué ser sólo vocal, también lo es físico y mental.

dD: Hay que saber decir “no”… Tú tuviste que decírselo a Muti cuando te ofrecieron cantar una Forza en la Scala, ¿no es así?

A. M. Sánchez: Así fue. Precisamente la producción de “La Forza del Destino” era de Hugo de Ana. Las tres sopranos que estaban en el cartel habían tenido problemas de salud. La propuesta consistía en ir a Milán, ensayar rápidamente durante una semana “a voz” y hacer el estreno. Pero yo dije que no, porque las condiciones no eran apropiadas: la Leonora no es un papel que pueda cantarse en los ensayos a voz mañana, tarde y noche, ni me parecía conveniente ensayarlo a la carrera, más aún, cuando te ves con la responsabilidad del estreno.

Me comentaba Hugo de Ana que aquello cayó muy mal en La Scala: ¡quién era Ana María Sánchez para decir no a la Scala…!, pero yo dormí muy tranquila aquella noche. Si algún día debutara en La Scala, me gustaría que fuese porque hayan contado conmigo desde el primer momento, para hacerlo como se debe, ensayándolo con tiempo. Quizás con esto me cerré las puertas de Milán, pero, paciencia…

Soy muy poco mitómana, porque que me he dado cuenta de que los mitos son de cartón, prefabricados, que dependen muchas veces de intereses económicos, o de otros intereses menos loables aún que los económicos. Nunca me he fijado la meta de cantar en los que se consideran los grandes templos de la lírica. El actuar en ellos ha llegado como consecuencia de un camino recorrido, no como el planteamiento de un fin que conseguir. Para mí, lo importante es encontrar un grupo de personas que acude a un teatro para emocionarse con la música y con el canto, y eso lo puede haber en el teatro de cualquier pequeña ciudad del mundo. No canto para añadir “lugares” en mi currículum; canto para conseguir emocionar a las personas.

dD: ¿Qué papel te ha dado mayores satisfacciones?

A. M. Sánchez: Crisotemis. Me siento como pez en el agua. Me pasa como con Liù (que he cantado muy poco); son papeles “bombón”, la personalidad del personaje atrapa la simpatía del público, y, si además, está cantado con dulzura es un éxito segurísimo. Otro de mis personajes favoritos es Adriana Lecouvreur.

dD: Ahora estás aquí, en Madrid, con Isabel de Valois. Sabemos que no tiene nada que ver el personaje de Verdi, con el histórico. Sin embargo, tú te empapas de los personajes que vas a interpretar. ¿Cómo afrontas este personaje?

A. M. Sánchez: Con éste personaje, como con todos, intento documentarme todo lo que puedo, porque soy curiosa y me gusta. ¡Será el espíritu de filóloga…! El libretista, se basa en una novela o una obra teatral y tiene que adaptar, cortar, etc. Muchas veces, algunos personajes no quedan bien definidos y es importante leer todo lo que se pueda acerca de ellos para redondear su interpretación. En este caso, he leído biografías de la Isabel de Valois histórica y algunas cosas de ficción que se han escrito sobre ella.

Después, a pesar de que vayas con esta preparación, con una concepción definida del personaje, no hay que olvidar el trabajo del director de escena, que también interpreta la obra y hay que saber respetar esa interpretación, su puesta en escena y su concepto. Al final, los cantantes somos instrumentos de lo que otros han escrito y pensado. Eso no quiere decir que la preparación del cantante caiga en saco roto.

dD: ¿Qué tal con Hugo de Ana?

A. M. Sánchez: Es un profesional muy documentado, hace muy bien su trabajo. Cuando se estrenó este “Don Carlo” en el Teatro Real hace cuatro años, deseaba algún día poder cantar Isabel de Valois en esta misma producción.

Hay que tener cuidado con lo que se desea, porque, a veces, los deseos se cumplen y tienes que estar con cuatro trajes de quince kilos cada uno, castigada por tal deseo… (risas). Pero estoy encantada.

dD: Ahora que hablamos de directores de escena. ¿Crees que es cierta la afirmación de que hoy los que mandan en este mundo son los directores de escena?

A. M. Sánchez: En la historia de la ópera ha habido un tiempo para todos: estuvo la época de los grandes divos, que imponían su criterio, la de los grandes directores… Y ahora estamos en la época feliz para los directores de escena. No sé cuánto durará.

Tienen mucho poder de decisión. Es cierto que la ópera no debe ser aquel espectáculo en que un cantante salía, cantaba su aria y no había más exigencia escénica…En la actualidad se intenta que la ópera sea algo integral, donde la interpretación dramática gestual tiene mucha importancia. Y así debe ser, porque es teatro musical. El gesto y la palabra son importantísimos. Ya no vale, sólo, con ser un buen cantante; hay que ser un actor y, a veces, casi un atleta.

dD: En todos tus recitales cantas algo de zarzuela. Sin embargo, nunca has cantado una zarzuela entera en escena, ¿por qué?

A. M. Sánchez: Porque nunca me lo han propuesto, a nadie se le ha ocurrido. Tampoco sé qué papel podría venirme bien… Quizás una “Rosa del Azafrán”, o “El Anillo de Hierro”… De todos modos. Yo seguiré cantando zarzuela allá donde vaya, aportando mi granito de arena en la difusión del género.

dD: ¿Próximos proyectos?

A. M. Sánchez: Pues, en escena, lo más próximo es la reposición de Norma en el Liceo en el 2007. Hasta ese momento, muchos conciertos y recitales, una gira por México con la ONE, un disco de zarzuela con María José Montiel, conferencias, cursos…
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LA ENTREVISTA

Ana María Sánchez
Soprano

"Ahora estamos en la época feliz para los directores de escena."


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