El orgullo de ser mujer
Esther Esteban
08/03/2005
El panorama no es precisamente alentador. Si hablamos de igualdad el camino será todavía largo y, en opinión de las representantes de la Conferencia Mundial sobre la Mujer que se celebra estos días en Nueva York, los avances van a ritmo muy lento. Es verdad que cada día las mujeres accedemos más a la educación o tenemos mayor representación política, pero también lo es que seguimos sin acceder a puestos de máxima responsabilidad y nuestra presencia en los órganos de decisión es prácticamente testimonial.
Las cifras no dejan lugar a dudas: en España solo hay un 2 % de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas que conforman el IBEX y eso no es porque no haya mujeres perfectamente preparadas ni porque nosotras renunciemos a tal responsabilidad, es simplemente porque no hay voluntad de cambio y la resistencia sigue siendo demasiado fuerte. Simplemente los conceptos machistas se han maquillado o se esconden de forma vergonzante pero siguen instalados profundamente en la sociedad.
Seria injusto no reconocer que la mayoria de los Gobiernos de uno u otro signo estan aprobando medidas para favorecer la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral, que se están dando pasos para conciliar la vida familiar con la profesional, pero algo falla. Algo falla cuando en el mundo hace nueve años, por ejemplo, había doce mujeres jefas de Estado y ahora solo son ocho, cuando el número de desempleadas es el doble, los salarios más bajos o cuando sigue aumentando la pobreza en el sector femenino de la población. Si miramos a la educación o la judicatura en nuestro país, los datos son demoledores. Resulta que del total de licenciados un 60 por ciento son mujeres y tienen mejores notas, pero solo un 12 por ciento son catedráticas y de los 72 rectores cuatro son mujeres.
Estos datos son elocuentes y también demoledores. Nuestra revolución es silenciosa pero imparable. Hay demasiados estereotipos, demasiados prejuicios y una doble moral que hace mas necesario que nunca seguir sosteniendo con fuerza la bandera del feminismo porque lo que pedimos es que se haga Justicia no para ser mas sino para ser iguales. Renunciar a eso es renunciar a nuestra condición, a nuestro orgullo de ser mujer.
OTR/PRESS