La razón de Marín
Julia Navarro
09/03/2005
Manuel Marín es uno de esos políticos serios y consistentes que no abundan. No, no abundan entre la actual clase política española, que siento decirlo, es bastante floja. No es que tenga un ataque de nostalgia y piense eso de que cualquier pasado fue mejor, porque soy de las que creen sinceramente que lo mejor es el futuro, pero si uno observa con cierta neutralidad a nuestros políticos, de todos los partidos sin excepción, pues, la verdad, no es que todos sean de primera división. Por eso Manuel Marín brilla con luz propia y es una excepción. Todo esto viene a cuento porque al presidente del Congreso su partido, el PSOE, le ha dejado solo una vez más. En esta ocasión a cuenta de la actitud entre infantil y faltona de algunos diputados de los grupos nacionalistas empeñados en hacer del uso de su lengua un conflicto.
Verán, una cosa es que el catalán, el vasco y el gallego sean lenguas cooficiales junto al español en sus comunidades autónomas y otra muy distinta su uso en el resto de España. Naturalmente que un gallego, pongamos por caso, tiene todo el derecho de hablar gallego en cualquier lugar de España, pero sabiendo que no le van a entender. De manera que, si todos los españoles tenemos una lengua común, el español, lo lógico es que lo hablemos, independientemente de que en nuestras comunidades utilicemos la otra lengua cooficial. Bueno pues Manuel Marín venía permitiendo que los diputados nacionalistas comenzaran sus intervenciones en la lengua de su comunidad para luego pasar al español. Pero el problema de los nacionalistas es su insaciabilidad y en muchas ocasiones su mala fé. Nunca tienen suficiente porque su objetivo es meridiano: la independencia. De manera que en los últimos días han apretado el acelerador y en vez de subirse a la tribuna y comenzar sus intervenciones en su lengua materna y luego continuar en el idioma común, cogen carrerilla y continuan hablando en la lengua de su comunidad sin que salvo los suyos el resto les entienda. ¿Qué es lo que quieren demostrar? Pues sencillamente que son de un país diferente y que si les quieren entender les traduzcan.
El presidente del Congreso se ha hartado y ha decidido que, hasta que no haya nuevo Reglamento del Congreso, se vuelva a hablar en español, que es el idioma que todos conocen, lo que ha provocado que los nacionalistas protesten y que el portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, haya decidido romper una lanza a favor de los nacionalistas, supongo yo que por indicación de La Moncloa. Lo que están haciendo los grupos nacionalistas es lisa y llanamente desafiar al presidente del Congreso y crear una de esas situaciones infernales que tanto les gusta porque pueden decir que les reprimen. La lengua es un vehículo de comunicación, no un arma, que es como la utilizan los grupos nacionalistas. Y una cosa es fomentar el uso de las lenguas cooficiales y otras convertir el Congreso en un lugar donde sus señorías no se entiendan los unos con los otros y tengan que tener traductores y los periodistas acreditados en la Cámara tengamos también que hacer uso de traducciones. Ese planteamiento es tan ridículo que les debería dar verguenza sólo plantearlo. El problema de los nacionalistas es siempre el mismo: se creen que vienen de un mono diferente al del resto de los mortales.
OTR/PRESS