Zapatero arropa a Margall
Antonio Casado
14/03/2005
En el Comité Federal del sabado pasado, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, dijo que el secreto de que las cosas vayan razonablemente mejor que hace un año, cuando su partido ganó las elecciones generales, es que ha decidido gobernar en coalición con los ciudadanos. Pero se desmintió a sí mismo cinco minutos después, cuando recurrió a los paños calientes para amparar a Pascual Maragall, después del temporal desatado por el presidente de la Generalitat, que denunció en el Parlament la corrupción política de los Gobiernos de Jordi Pujol (CiU).
La verdad es que la sociedad catalana está alarmada por el papelón de su clase política. Y, naturalmente, quiere que se persiga la corrupción si se demuestra que existe. A los catalanes les parece bien que se pidan disculpas por los excesos verbales pero, antes que cualquier otra cosa, quieren saber si sus gobernantes son corruptos. No creo que Zapatero conecte con la ciudadanía si piensa que, por apoyar políticamente a Maragall, se puede derogar de un plumazo la fundadísima sospecha de que en Cataluña los empresarios pagan o han pagado un peaje político (el 3 por 100 o más, según le están contando estos días al fiscal), simplemente dando por buenas las disculpas de Maragall en sede parlamentaria. No es conectar con los ciudadanos respaldar el escandaloso apaño entre los nacionalistas de Mas y los socialistas de Maragall para mirar hacia otro lado y atribuir las denuncias de éste a un producto de su imaginación.
Al saber que Maragall va a ser apoyado sin reservas por el PSOE, también a escala nacional, los ciudadanos catalanes y los del resto de España solo cuentan con el trabajo indagatorio y acusador del Ministerio Público (la Fiscalía) y eventualmente de los tribunales.
No es extraño que de la reunión del sabado pasado salieran encantados el secretario general del PSC, ministro José Montilla; el alcalde de Barcelona, Joan Clos, o el consejero de Economía de la Generalitat, Antoni Castells. Zapatero pidió solidaridad con ellos. Y con el ausente Maragall, al que elogió por haber conseguido con una simple disculpa quitarse de encima una querella, por injurias, y una moción de censura, por irresponsable. Sin embargo, no dijo una palabra sobre lo único que interesa a los ciudadanos : ¿Hay corrupción política o no en los contratos por las obras públicas que se llevan a cabo en Cataluña?
OTR/PRESS