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Home  Opinión  Carmen Tomás
 
Qué afición

Carmen Tomás

08/03/2005

Es sorprendente la afición que demuestra el Gobierno por los grandes planes, por los abultados paquetes de medidas. Primero fue el Plan de Prevención del Fraude Fiscal, después el Plan para Dinamizar la economía y ahora el Plan para la Igualdad. Tengo que decir que en todos los casos, las decenas de medidas no parecen más que buenas intenciones; mandatos a ministerios u organismos para que se pongan a trabajar para promover, establecer, introducir, modificar, favorecer, crear... la igualdad y la discriminación positiva. En el BOE o en el Congreso, nada de nada. La verdad es que como catálogo de buenas intenciones coincidiendo con el Día de la Mujer Trabajadora no está mal, pero mucho me temo que la mayoría de las cosas que se pretenden no se van a conseguir porque no depende de la voluntad del empresario, ni siquiera del Gobierno, sino de las mujeres.

Las verdaderas medidas de apoyo son las que se centran en la necesidad de buscar eso que se ha dado en llamar conciliar la vida laboral y familiar. Un eufemismo a los niveles profesionales que el Gobierno parece empeñado en llegar a la paridad. Y me explico. Es cada vez más común que las empresas quieran contar con los mejores, sean hombres o mujeres. Pero cuando se trata de dar el salto, la mujer en general se lo piensa. Tener un cargo importante supone renunciar a la vida familiar y personal. Y, ¿saben qué pasa? que en muchos casos no nos compensa, no queremos llegar tan alto si para ello hay que dejarse tantas cosas atrás. Por supuesto que hay miles de mujeres que valen, inteligentes, preparadas para dirigir o estar en el consejos de las 35 empresas del IBEX y en tantos sitios. Ocurre que a la hora de elegir, optan por su vida familiar y personal; por ver crecer a sus hijos; por no perderse los momentos que nunca volverán: las primeras palabras, el primer diente. Y, las que lo eligen, en muchos casos, conviven con esa especie de sentimiento de culpa que, les aseguro, nunca nos abandona; que puede parecer ridícula, pero que sólo las madres saben lo que es. Puede ser cuestión de leyes, de tiempo. Más bien creo que de educación de muchos años, de muchas generaciones y dudo que se elimine totalmente. Otra cosa es ganar menos o que ser madres sea una traba insalvable. En esto sí que hay que avanzar y con el apoyo de toda la sociedad.

OTR/PRESS
 

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