Peces-Barba y las víctimas
Rafael Torres
11/03/2005
Si sabrá don Gregorio Peces-Barba de víctimas, que su padre fue reducido a la esclavitud y forzado a trabajar para sus captores en la construcción del Valle de los Caídos. Pero hace un para de días, un senador indigno de ostentar representación democrática alguna, pues su mentalidad se halla más próxima a la de quienes edificaron ese monumento de exaltación fascista que a la de los prisioneros que se dejaron la salud y aun la vida horadando la dura roca de Cuelgamuros, osó acusarle de connivencia con los terroristas.
A don Gregorio Peces-Barba, de quien me separan tantas cosas, entre ellas su cerrada defensa de la Monarquía, se le puede criticar su labor al frente de la oficina de atención a las víctimas del terrorismo, es más, se le debe criticar acerbamente si una sola de ellas padeciera abandono por dejación o ineficacia de su trabajo, pero no se le puede llamar terrorista sin incurrir en una falta gravísima e imperdonable contrala paz social y la buena convivencia a las que aspiran todas las personas decentes, sin distinción de ideologías. Desde que el sector ultra del PP cogió la moda de llamar filoterroristas, o terroristas directamente, a cuantos no participan de su manera depensar, sobre todo en lo relativo al problema vasco, la situación ha llegado a un punto inaceptable, por mucho que en esto podría aplicarse el viejo adagio de que no ofende quien quiere, sino quien puede. Han llamado terrorista a Ibarretxe, a Carod Rovira, a Rodríguez Zapatero, a todos cuantos han disentido de su pensamiento reaccionario, y nada o muy poco pasaría si no fuera porque esa calificación ominosa, repetida hasta la saciedad, coloca una diana en la frente del así interpelado.
Don Gregorio Peces-Barba, ciudadano pacífico e ilustrado, tiene miedo a la repugnante campaña urdida contra su persona, y responsabiliza de lo que pueda pasarle a cuantos le andan orquestando. Si sabrá don Gregorio de víctimas, que lo está siendo.
OTR/PRESS