Los obispos se apuntan al "talante"
Consuelo Sánchez Vicente
08/03/2005
Con unos versos de Santa Teresa "nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta" que suenan más a declaración de intenciones que a homenaje a la patrona de su Ávila natal, el obispo de Bilbao y nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Blázquez, ha inaugurado un mandato que, aunque los caminos de Señor son inescrutables, probablemente transcurrirá en dirección contraria al que llevaba su antecesor en el cargo, monseñor Rouco Varela: por el camino del diálogo.
Un solo voto le ha faltado a Rouco para cumplir su deseo de permanecer un trienio más en el puesto, e igualar así el record de nueve años que logró el más emblemático de los rectores de la jerarquía católica española, Monseñor Tarancón, cuya inteligente apuesta por la democracia en pleno franquismo fue decisiva para el éxito de la Transición. Y, por el carácter dialogante de su sucesor (Blázquez fue el "intermediario" con ETA cuando Aznar se "sentó" con la banda tras la famosa tregua trampa), cabe suponer que ese voto decisivo ha sido en realidad un "voto de castigo" a una gestión que los obispos de las autonomías "históricas" no se recataban de tachar de integrista, y que, desde la victoria de Zapatero, parece haber buscado más el enfrentamiento que el entendimiento con el poder político.
El "ganador", Blázquez no era el favorito de las encuestas, ni siquiera el destacado. En cabeza de la "carrera" figuraba Rouco Varela y el segundo lugar lo ocupaba el obispo de Sevilla Monseñor Amigo, un hombre extraordinariamente respetado y amable que, si de política hablásemos (bueno, en realidad hablamos de política), encarnaría algo así como "el espíritu de la transición". La reforma en vez del cambio. Pero, las encuestas, en España, tienen la costumbre de equivocarse. Y, en el caso que nos ocupa, ¡de qué manera!. Contra todo pronóstico, e incluso con mayor capacidad de riesgo que la que acreditamos los españoles durante la transición de la dictadura a la democracia, entre la reforma y el cambio, los obispos han elegido el cambio. Dicho lo cual: que Dios reparta suerte.
OTR/PRESS