Noticias que no lo son
Gabriel Mª Otalora
05/03/2005
Me refiero a lo que debiera ser noticia de primera magnitud pero que no tiene el reflejo adecuado en los medios de comunicación; estoy pensando en la desinformación que existe acerca del drama injusto de millones de personas abandonadas a una existencia de miseria y muerte por falta de los recursos mínimos diarios para la subsistencia, pero que no merecen un tratamiento informativo acorde con las consecuencias.
Acabo de leer un extracto del informe “La situación del mundo 2005” realizado por el Worlwatch Institute (WWI), en el que se recoge donde se encuentra el verdadero eje del mal del planeta. Dicho informe refleja que el auge de la pobreza, la creciente escasez de agua, la dependencia del petróleo, el aumento de las enfermedades infecciosas y el deterioro medioambiental explican la inestabilidad y la inseguridad de la Tierra.
Dicho informe alerta de que la cruzada internacional contra el terrorismo está desviando la atención de las verdaderas causas de la desestabilización mundial, y de que el tráfico de armas y los elevados presupuestos militares impiden luchar contra la pobreza generalizada. En su informe incluye datos como el de los 3.900 niños que mueren cada día debido a las deficiencias higiénicas y del suministro de agua.
Cada cierto tiempo aparece un informe similar, pero vivimos enganchados a la noticia puntual, al tiempo, el tráfico, la prensa rosa y los deportes. El que tantos países sufran enormes problemas de subsistencia no es suficiente noticia para los informativos, cada vez más iguales todos hasta en el formato. El primer impulso es criticar al editor en cuestión. Pero somos nosotros, los consumidores de noticias, los que no queremos que nos cuenten ciertas cosas más que puntualmente o con morbo; y el editor lo sabe. Incluso puede que ambas cosas se alimenten entre sí.
En este tema, es difícil olvidarse del genial Perich y de aquel dardo lanzado contra la televisión de los setenta: “Decir que cada pueblo tiene la televisión que se merece es una incitación al suicidio”. Sé que lo fácil es acusar (o felicitar) al medio informativo de turno, a veces más víctima que verdugo. Pero incomoda mucho más el análisis de conciencia que puede inculparnos de omisión de deber de socorro, por indiferencia, a multitud de semejantes. A pensar.