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Home  Opinión  José Cavero
 
El socavon que se hizo montaña de problemas

José Cavero

04/03/2005

Algún día, el Caso Carmel será "para estudiar en los libros", como demostración de la extrema politización de un "suceso urbano". Recordemos que todo tiene origen en unas obras de ampliación del Metro que los vecinos del barrio del Carmel esperan con la lógica confianza: sus pisos se verán revalorizados por una mejor comunicación y los vecinos tendrán más facilidades y comodidad en el desplazamiento. Pero la chapuza de la obra que se efectúa en el subsuelo del barrio cambia todas las expectativas. Los malos planos, la mala ejecución de la obra, la inadecuada cimentación de los túneles en construcción empiezan a aparecer en las viviendas. Primero son las grietas que fuerzan a deshabitar y derribar una serie de viviendas. Luego son más viviendas agrietadas y más vecinos trasladados a hoteles y residencias.

Sólo entonces aparece en escena la preocupación de los políticos y la necesidad de aportar soluciones al problema. En un primer momento hay clara resistencia a tratar el tema en un pleno del parlament, y mucho menos a crear una comisión de investigación sobre lo que empieza a ser un "caso" problemático. Se pretende resolverlo todo cerrando el cráter y enterrándolo todo en hormigón. Pero ya se están produciendo las primeras declaraciones políticas y el intercambio de acusaciones. Se insiste en "la herencia recibida" del largo período pujolista. Y eso es lo que, finalmente, aparece con estrépito en el Pleno del parlament, cuando Maragall, cediendo a la insistencia de Artur Mas para que "se moje" y se comprometa en soluciones, proclama que "el problema se llama tres por ciento", en referencia a lo que ha sido una sospecha-creencia-noticia extendida en la política española, a saber, que los políticos de CiU cargaban y percibían un porcentaje de comisión a las constructoras sobre cada una de las obras que encargaban. Un "impuesto revolucionario" o una extorsión corriente y normalizada, asumida y aceptada, que venía a suponer una importante contribución a las arcas de la federación de partidos que han gobernado Cataluña casi un cuarto de siglo, y al bolsillo particular de alguno de sus dirigentes, según ese clamor popular. Eso es lo que proclamaba Maragall, sin meditación suficiente, en el "pleno del Carmel", que inmediatamente merecía el título de "pleno del tres por ciento". A la denuncia de Maragall responde el jefe de la oposición, Artur Mas: Retire lo dicho inmediatamente o la legislatura se va a hacer puñetas. Y en la legislatura está incluida la reforma del estatut y de la financiación autonómica, amenazó. Maragall actúa según le indica su adversario. Pero el alboroto ya está montado y es grandioso.

¿En qué punto se encuentra? En que aquel cráter inicial es una montaña de conflictos y problemas de toda naturaleza: Maragall ve en tela de juicio su propia capacidad de liderazgo y capacidad de mando, no sólo en la opinión catalana sino en su propio partido, el PSOE, que, ahora sí, tiene el valor de presentarle cara a las excesivas pretensiones autonomistas y de financiación privilegiada para "su" autonomía, al margen de los intereses y criterios del Estado. CiU y PP ven la posibilidad de deteriorar al adversario y de mejorar posiciones si se convocaran elecciones anticipadas. Y contemplan la posibilidad, tanto Mas como Piqué, de ser los líderes efectivos y reales de la oposición al Gobierno catalán, de ahí que se peleen por hacer el mejor aprovechamiento de la crisis. No es improbable que Maragall, para retener a sus conflictivos socios de gobierno, ERC e ICV, se vea en la necesidad de resultar más transigente y comprensivo precisamente en las materias en las que debería ser la resistencia del Estado frente a los republicanos, separatistas y autonomistas a ultranza. Sin duda, se ha producido ya un primer efecto apreciable de esa debilidad del Gobierno autonómico, que se ha mostrado extraordinariamente generoso con los afectados, creando un peligroso precedente que ya invocan, por ejemplo, los afectados por una explosión de gas en Getafe: también quieren piso nuevo e indemnización por daños morales de veinte o treinta millones de las antiguas pesetas 'per capita'.

Y a todo esto, hay investigaciones y querellas en marcha, en vía política y en vía judicial, que deberán ofrecer el correspondiente resultado. Todo ello como consecuencia de una frasecilla sin importancia, de unas pocas palabras: "El problema se llama tres por ciento...".

OTR/PRESS
 

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