La Eurozona se enfría
Lorenzo Bernaldo de Quirós
03/03/2005
El Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional han revisado a la baja las previsiones de crecimiento económico para la Eurozona hasta el 1,6 por 100 en 2005. La Vieja Europa se estanca y su antiguo motor, Alemania, se ha convertido en el hombre enfermo del continente. En Francia, las cosas no van mucho mejor. En ninguno de los dos países remonta la demanda interna -consumo e inversión- y el sector exterior sufre el castigo de la apreciación del euro. El panorama es malo y las perspectivas pesimistas. La tasa de crecimiento del PIB en la UEM, durante, los tres últimos meses de 2004, es inferior a la del segundo semestre de 2003 cuando Europa salía de una crisis en la que estuvo a punto de caer en la recesión.
La fortaleza del euro y el aumento del precio de las materias primas entorpecen sin duda la recuperación de la economía continental. Ahora bien, son sus graves problemas estructurales de siempre -altos impuestos, mercados hiperintervenidos, déficit públicos excesivos- las causas básicas de la parálisis de la economía de la UEM. Ante ese panorama, las familias no consumen y las empresas no invierten. La confianza de los agentes en el futuro se debilita y la actividad no remonta. Como los problemas de fondo no son abordados por razones políticas, la situación no mejora y empeora mucho más de lo necesario cuando la aparición de factores exógenos la golpea.
Para España, las malas noticias procedentes de la Eurozona son negativas. Si la demanda interna de la Eurozona no se reanima, y no lo hará, nuestras importaciones seguirán creciendo mucho más rápido que las exportaciones lo que se traducirá en un incremento del PIB más bajo del proyectado para 2005. Seguiremos perdiendo competitividad y eso pasará factura antes o después en términos de menor crecimiento y de menor empleo. ¿Cuándo se notarán esos síntomas? Probablemente mucho antes de lo previsto. El actual bienestar español reposa sobre arenas movedizas.
OTR/PRESS