El Fin de los díasPara el Occidente cristiano, el Apocalipsis es el punto de partida de las creencias milenaristas, aunque no se puede olvidar que este libro hunde sus raíces en la literatura apocalíptica judía. Este género literario consistía en revelaciones acerca de la vida futura y la salvación del pueblo judío, a partir de imágenes, símbolos, cifras y claves.
Marta Tortajada/diarioDirecto
La base principal del milenarismo fue el Apocalipsis atribuido al apóstol san Juan, un escrito donde consta la expresión “mil años”. Como se recoge en la cita precedente, cuando la bestia haya sido puesta en libertad, Dios luchará contra el mal para dar paso a la reducción general y, a continuación, al Juicio Final.
En los primeros siglos de la era cristiana, el milenarismo influyó a los cristianos en una época de persecuciones llevadas a cabo por el Imperio romano: se invitaba a los mártires a creer que cuando muriesen resucitarían y reinarían con Cristo sobre la tierra donde habían sufrido el suplicio.
Pero dentro de la Iglesia también había críticas hacia el milenarismo, que negaban la autenticidad del Apocalipsis, considerando que daba una visión judaizante al cristianismo. El debate quedó cerrado con la intervención de san Agustín, que consideró los “mil años” como una cifra simbólica.
El milenarismo se perpetuó como una corriente de religiosidad popular y afloró en la Edad Media como base de algunos movimientos revolucionarios, heréticos o antijerárquicos que descansaban en la creencia del advenimiento del Reino de Cristo al final de los tiempos.
A medida que transcurre el tiempo y se aproximan las fechas calculadas, el fin provoca inquietud, inquietud que ciertos historiadores románticos mitificaron y magnificaron a propósito del año 1000 de la era cristiana.
Así surgió la imagen de los “terrores del año Mil”, trasladada después con éxito a escritores y artistas, en la que la humanidad, presa de la angustia, esperaba el fin del mundo.
Hoy sabemos que durante la Edad Media los cómputos cronológicos fueron distintos según las zonas y las épocas, de modo que en el siglo X la Pascua tenía mucha mas importancia que la Navidad y, a menudo, era la primera y no la segunda la que marcaba el inicio del año.
Por otro lado, si con el nacimiento de Cristo se pasa del año -1 al 1, no hay año 0, con lo cual el fin de milenio se habría producido al acabar el año 1.000 y no el 999…
Aunque disponemos de ciertos sermones que advierten de la llegada del Anticristo, se refieren a un hecho remoto en el tiempo, sin consecuencias remarcables.
Las reiteradas menciones del Apocalipsis en el siglo XI, plasmadas en el arte románico, demuestran que fue usado por la Iglesia para adoctrinar a los fieles mediante el pavor a un dios encarnado en juez supremo.
Pero tales miedos, así como los presagios, suposiciones o cálculos sobre el fin de los tiempos no han dejado de darse en distintos lugares y a lo largo de los tiempos, suscitada por desastres naturales o por determinados hechos que parecen amenazar gravemente el futuro.