Zapatero internacional
Antonio Casado
02/03/2005
La ocasión era excelente para sintonizar mejor la imagen internacional de Zapatero, algo borrosa después de nueve meses de Gobierno. Pero uno tiene la incómoda sensación de que ha sido una oportunidad perdida. Para empezar, la absurda ocurrencia de hablar en francés, sin saberlo, en el mismísimo templo de la política francesa. Tan absurdo como un belga por "soleares", que diría Sabina. Así le salió el francés a Zapatero y, por ello, las chanzas han sido inevitables.
Moncloa dio facilidades. Y quienes sentimos vergüenza ajena con el inglés, o el tejano, de Aznar, la hemos sentido con el francés de quien parece haber contraído demasiado pronto el mal de altura ¿De repente se empeña en imitar a Aznar solo en los aspectos más baratos de su personalidad? Tampoco el fondo de su intervención rayó a la altura que se esperaba del joven gobernante que desafió el poder de EE. UU. con su valiente retirada de tropas. La voluntad de un pueblo soberano, que se acababa de expresar en las urnas, se impuso sobre los planes de la primera potencia del mundo, y eso tiene más recorrido que el mero hecho de alejarse de EE. UU. para acercarse a Francia.
No solo la reafirmación del principio de soberanía nacional en el diseño de una política exterior. También la concepción de las relaciones internacionales o la defensa de los valores sobre los que debe apoyarse, fueron categorías afectadas por la sonadísima decisión de ordenar el inmediato regreso de nuestras tropas estacionadas en Iraq.
La curiosidad despertada en todo el mundo por este joven que llegaba inesperadamente al poder y el foro que se le ofrecía, nada menos que la Asamblea Nacional de Francia, merecían un discurso más trabajado, más comprometido y menos superficial. Tocaba reafirmar el anclaje europeo de España, nuestra fe en el modelo y nuestro compromiso en la construcción de una UE fuerte y unívoca. Cierto. Pero eso no tiene sentido fuera de un contexto marcado por la complicidad transatlántica, la política exterior de EE. UU., los acontecimientos en Oriente Medio, la proyección de China, etc.
Silencio de Zapatero sobre esas cosas, lo cual no permite acabar de saber cuál es su verdadero pensamiento sobre la posición de España en el mundo. En vez de adentrarse en los ámbitos de la razón política, se quedó en los de las adhesiones incondicionales.
Es como si hubiera ido a Francia a buscar el cariño que le niegan en otras partes. Pero no es eso, no es eso.
OTR/PRESS