Zapatero, doble cita en Paris
José Cavero
02/03/2005
Es frecuente que los jefes de Gobierno, en algún momento de su presidencia, busquen las relaciones en el exterior, acaso como modo de consolidarse en su puesto, en su liderazgo nacional, o tal vez para distraerse de las minucias que a diario los ocupan y distraen de la contemplación del mundo. Suárez en su día, Aznar en los suyos, también atendieron ese frente exterior, y confeccionaron buenos álbumes de encuentros con personalidades con quienes tuvieron ocasión de conversar o almorzar en distintas capitales del mundo.
Rodríguez Zapatero consiguió ayer unas cuantas fotografías en un escenario inusual, la Asamblea Nacional francesa, donde acudió como representante invitado de la Europa que ya ha dado el paso de ratificar el texto de la Constitución Europea, y a cantar de manera vibrante las excelencias del europeísmo del que España ha venido siendo inequívoco beneficiario neto en la última década. Zapatero tuvo la habilidad de cantar esas excelencias del europeísmo de los españoles, beneficiarios del esfuerzo y la solidaridad de otros europeos, entre ellos los franceses, que han hecho posible que uno de cada dos escolares extremeños dispongan de un ordenador conectado a Internet, y podamos disfrutar de una red de carreteras sensiblemente mejorada, y hasta de unos planes de trenes de alta velocidad, gracias a los fondos comunitarios que nos han aportado en los últimos años varios países de la Unión, entre ellos Francia. Era oportuno y conveniente que en la Asamblea Nacional de Francia se escuchara ese mensaje de agradecimiento sin complejos.
Y ya puesto en vías de relaciones exteriores, Zapatero se dispone a emprender viaje a Caracas y Bogotá, donde desarrollará reuniones multilaterales con los presidentes de los países de aquel área no siempre bien avenida ni tampoco políticamente estable: Hugo Chávez, Álvaro Uribe, Lula da Silva... Y cuando regrese, a los pocos días, tendrá otro punto de encuentro nuevamente en París, esta vez para reunirse con Chirac, Schroeder y posiblemente también Vladimir Putin, en lo que algún analista observa ya como réplica a la reciente visita de Bush y reafirmación de la "Vieja Europa desde los Urales a Gibraltar".
No es improbable que en la cabeza de Zapatero se agite algún ánimo jocoso con estos viajes que vendrán a demostrar a algunos analistas que España sigue teniendo algo que decir en el contexto internacional, aunque su relación personal con el presidente Bush no haya alcanzado los niveles de confianza que "el emperador" demostró a Aznar. Pero se dio el gustazo de cumplir el compromiso electoral y de retirar las tropas españolas del Irak invadido y que se adentraba en un inevitable baño de sangre. Cada cual, en sus desplazamientos, aporta lo que tiene: Aznar llevaba su adustez, su rigidez personal, junto con su disposición a atender los requerimientos de su amigo Bush. Zapatero aporta un talante más relajado y mayor disposición a escuchar más voces.
OTR/PRESS