Distintos hundimientos sucesivos
José Cavero
01/03/2005
Todo empezó en el hundimiento del túnel para ampliar las obras de la línea cinco del metro barcelonés. Parece que un nivel insuficiente de cemento en la argamasa y unos planos no suficientemente revisados, junto con un insuficiente análisis de los terrenos, todo provocó el derrumbamiento de unas cuantas viviendas y que en otras varias aparecieran grietas preocupantes. De eso hace ya más de un mes. El segundo episodio de la historia se produce cuando el asunto llega, para su debate y depuración política, al parlamento de Cataluña: allí también se produjeron pavorosas grietas que hacen temer seriamente, conforme ha dicho Jordi Pujol -reaparecido para la ocasión- por la ruptura del país catalán: una mitad estaría con la versión de Maragall del tres por ciento ingresado en concepto de comisiones por obras adjudicadas, y la otra mitad se resisten a creer esa clase de hábitos corruptos en lo que ha sido llamado "el oasis catalán".
Lo cierto es que si el primer derrumbamiento y grietas pusieron en la calle a más de un millar de vecinos, y se hizo imprescindible afianzar el suelo y tapar el túnel, ese segundo derrumbe, el político, originaba unos niveles de falta de confianza de los unos en los otros que ponía seriamente en riesgo la continuación de la elaboración del Estatuto y la continuidad misma de lo que queda de legislatura. Se van a hacer esfuerzos, ese es el propósito, y se confía en que pronto las aguas regresen a sus cauces y todo quede pronto atrás, pero de momento, cada cual ha recurrido a sus gritos más escandalosos: dimisión, elecciones anticipadas, querella criminal por injurias y calumnias, investigación a fondo de los seis u ocho últimos años de gobierno convergente para depurar responsabilidades en la gestión de las obras públicas autonómicas...
¿Se salvará el Estatuto? Es una de las preguntas del momento. Otra va más allá, y pregunta sobre la influencia que el estallido del tres por ciento tendrá, también, en la política nacional y en lo que se entiende por "Madrid", donde, por cierto, ha estallado otro presunto escándalo "del ladrillo", un caso de presuntas tramas en la venta de suelo edificable en Majadahonda, con la que los socialistas tratarían de sacarse la espina de lo que entonces llegó a llamarse "el tamayazo", y que, por falta de pruebas y datos más concretos, privó a los socialistas del Gobierno de la Comunidad madrileña.
Pero algo o mucho tiene que ver, también, el escándalo del Carmel en un severo enfriamiento producido en la relación global PP-PSOE, y comprobable en el punto final que Rajoy denuncia sobre aquel "principio de acuerdo" al que llegaron hace quince días en una constructiva conversación en la Moncloa entre el jefe del Gobierno y el principal jefe de la oposición. Rajoy devuelve aquellas cartas de amor y muestra su despecho por el mal trato recibido del jefe del Gobierno, asediado por otras exigencias del guión: los compromisos con los republicanos de Carod, el PSC de Maragall y Montilla y la Iniciativa-els Verts de Saura. No parecía fácil que fuerzas políticas tan distintas pudieran llegar a entendimientos. Pero si faltaba algo, "estalló el Carmel" y se acabó la presunta placidez.
OTR/PRESS