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Home  Opinión  Antonio Asencio
 
En Cataluña nunca pasa nada

Antonio Asencio

01/03/2005

En Cataluña nunca pasa nada. Me lo han explicado: es el asociacionismo catalán. Ahora Maragall lo llama "vaselina", pero se trata del asociacionismo. Algo típico de allí desde la época medieval, la clave de su éxito, su disciplina, su receta frente al caos español. Por eso, cuando un político catalán mangonea un 3 % del dinero público, no pasa nada. El sentimiento de colectividad hace que ese 3 % sea un 3 % de interés para Cataluña. Con un poquito de "vaselina", ya le echarán la culpa a los vagos funcionarios de Madrid de cualquier mal, y punto pelota: la imagen lavada. Así, ganan todos. Hoy yo, mañana tú: inmunidad general. Un nubarrón difuso y amargo, llamado España, cargará con el fardo de nuestras torpezas. Un detergente eficaz contra las manchas, llamado Madrid y Estado español, lavará nuestros pecados. Los escándalos no son escándalos, sino montajes mediáticos, cuando lo escriben los periodistas de Madrid, ese cocidito madrileño anticatalán dedicado a amargarles el futuro. En Cataluña, el sentimiento de nación, la bandera, el Estatuto, está por encima de todo. Elites van, elites vienen. Pero el enemigo está fuera, en la meseta, en Moncloa o en Génova.

Por eso Maragall acusó, y luego retiró. No vale la pena cargarnos nuestro futuro nacional de políticos salvapatrias por unas comisioncitas de poca monta. Calmémonos todos, dice Carod-Rovira, cuyo grupo fue la delantera de una oposición que coqueteaba con la acusación de corrupción en la época de CiU. O rectifican, o no hay futuro nacional, dice Artur Mas. Todo por la unidad nacional: que las banderas ondeen alto, mientras caen los edificios y las lágrimas de los xarnegos que los habitaban, aquellos que buscaron en Cataluña una vida mejor, porque Cataluña, cuántas veces lo hemos oído, es Europa. No como este país africano y doloroso llamado España, que chupa del bote hurtado en forma de impuestos a la alta burguesía catalana.

No pasará nada. Créanme. La corrupción será cosa de Madrid… En Cataluña, el devenir histórico de autorrealización como “comunidad nacional” bien vale un 3 % de pasta y unos edificios hechos papilla. Yo me creo a Maragall: el "suflé catalán" se deshará como si le extirpasen la levadura mediática que infla escándalos a gusto de gourmet de maldad creativa, y aquí no habrá pasado nada. Y que patalee Piqué, que tiene un poquito de experiencia con aquello de Ercross. Adeu.
 

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