Los Pluralismo, sí, gracias
Consuelo Sánchez Vicente
22/02/2005
No suelo yo utilizar esta tribuna para escribir sobre cosas de los periodistas, pero en el debate que acaban de reabrir la ley sobre la televisión digital terrestre que prepara el Gobierno y el informe del 'comité de sabios' sobre la televisión pública lo que está en juego no es el derecho de los periodistas a tener muchos medios en los que trabajar, sino el derecho de los ciudadanos a la recibir una información plural.
Yo esto ya lo he dicho con Felipe y con Aznar, pero, hay que volverlo a decir. Plural, evidentemente, quiere decir distinta. Si hay muchos periódicos, muchas radios y muchas televisiones pero del mismo dueño, lo que recibiríamos sería la misma información, con el mismo sesgo ideológico, y encaminada a defender los mismos intereses políticos o empresariales... por muchos canales distintos, que es lo que ocurre en las dictaduras; no la información plural que nuestra Constitución ordena proteger a los poderes públicos para que los ciudadanos podamos elegir. Salvando las distancias, este es el peligro de las concentraciones abusivas de medios de comunicación en unas pocas manos.
Las concentraciones son inevitables, aislados, los medios no pueden sobrevivir en un mundo globalizado. Pero, que el pez grande no se coma al chico, precisa de leyes reguladoras que actúen a modo de muro de contención y sean claras, fiables e iguales para todos los medios. Que una o dos empresas, da igual quién sea el dueño, controlen el negocio de la comunicación atenta contra el pluralismo informativo. Y el Gobierno, sea cual sea su color, que, a sabiendas o por ignorancia, permite, promueve o no impide ese atentado, falta gravemente a su deber, y, algo más: siempre lo acaba pagando. Cuando el artículo 20 de nuestra Carta Magna equipara el derecho a la información a los demás derechos fundamentales de los ciudadanos, lo que quiere decir es que considera vital para la democracia que los ciudadanos podamos recibir información por el mayor número posible de periódicos, radios y teles distintas, comparar lo que dicen unos y otros y quedarnos con lo que nos parezca. A un pueblo informado no hay quien le manipule ni le engañe. Pero, sin pluralismo informativo, no hay prensa libre. Y, sin prensa libre, no hay democracia. De eso va el debate que nos traemos estos días (otra vez) los periodistas, eso es lo que (ahora con ZP) está en juego.
OTR/PRESS