Y luego qué
Carmen Tomás
22/02/2005
El Comité de sabios patrocinado por Rodríguez Zapatero para abordar la reforma de la televisión pública ha entregado su dossier y para sorpresa de casi todos, no sólo no entra en el fondo de la cuestión, sino que con sus propuestas agrava los problemas. Lo que mal empieza, mal acaba. Se creó este comité para reformar los medios de comunicación públicos con gentes que sabrán de lo suyo, pero desde luego no de televisión. Y la prueba es que el diseño de qué es y cuál es la función de una televisión pública no aparece por ningún lado. Sin embargo, se meten en la financiación, pero obviando los "consejos" del representante del Ministerio de Hacienda en el comité. La verdad que para concluir que los españoles paguemos la mala gestión de años, que ha llevado a RTVE a una deuda superior al billón de pesetas y que una vez limpia sigamos pagando los errores de los de turno, no hace falta sabio, ni experto en nada. A mi hija que tiene sentido común se le habría ocurrido. El problema es que cuando esté limpia de la deuda billonaria, qué hacemos, la misma mala televisión que hasta ahora, con la misma gente y con vaya usted a saber qué director general nombrado por "concurso" y para ¡seis años!
El informe ha salido tan raro que ha merecido el voto particular de uno de sus miembros: el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Y ha provocado por otras razones el extraño comentario de la vicepresidenta del Gobierno que ahora dice que el informe no es vinculante en su totalidad, cuando se dijo que se plasmaría tal cual en un proyecto de ley. Ya lo ha dicho Solbes: mantener la televisión pública cuesta mucho dinero y habrá que explicarle a los españoles de dónde lo sacamos; qué partidas del presupuesto estamos dispuestos a recortar. Más problemas internos para el Gobierno y con el vicepresidente de protagonista.
Un proyecto de reforma de la televisión pública que ni siquiera define qué es televisión pública, con cuanta gente se hace eso y cuánto cuesta, nace tan muerto como inútil. Sin embargo, sospechosamente se recrea en la reducción de la publicidad para dejar mercado libre al nuevo o nuevos operadores y en el coste para los bolsillos de los españoles, nada menos que el 50 por ciento de los gastos. Después de estos 200 folios tan faltos de rigor les recomiendo a los "sabios" una plegaria: "Señor dame fuerza para cambiar las cosas que puedo cambiar, resignación para no cambiar las que no puedo cambiar y sabiduría para diferenciarlas".
OTR/PRESS