ZP gana la eurocopa
Antonio Casado
21/02/2005
En el papel de lazarillo Rodríguez Zapatero se proclamó campeón de Europa en la noche electoral del domingo pasado. No es que el Viejo Continente esté ciego sino que nuestro Gobierno se ofreció a abrirle el camino.
Abrirle el camino, mostrárselo para que no se pierda, servir de ejemplo, heraldos de la futura Europa fuerte y unida, espejo donde otros se miren, especialmente los otros nueve países que, como España, pero menos madrugadores, prefieren escuchar a los ciudadanos en consulta directa sobre lo decidido por los Estados en el tratado conocido por Constitución Europea. Esa era la consigna, la noción central de la apuesta política de Zapatero, lo que todos los ministros y dirigentes del PSOE estaban obligados a repetir antes y después de las votaciones del domingo 20 de febrero. Estaba bien pensado. No es extraño que Rodríguez Zapatero se sienta como si hubiera ganado la Eurocopa política. Tiene sentido la comparación porque en este juego también había un riesgo, o sea, posibilidad de ganar o de perder. La de perder estaba fijada en una participación escandalosamente baja. Eso no ocurrió.
España ya es un referente fundacional del europeísmo que diseña el texto sometido a la ratificación de los 25 países de la Unión Europea. Pero había que apostar y correr el riesgo. Aunque a Zapatero le bastaba la ratificación del Parlamento para seguir adelante, se obligó a proclamar la prevalencia del parecer directo y participativo de los ciudadanos por encima del parecer indirecto y representativo del Congreso.
Apostó Zapatero, pero ganamos todos. Apuesta socialista, pero el tanto se lo apunta el Estado, la imagen de España, en relación a su futuro comprometido con la construcción europea. Esto es lo que no ha sabido o no ha querido ver el PP de Mariano Rajoy. O lo ha visto perfectamente, pero pensó que diferenciarse le convenía más, aún a costa de forzar sus posiciones. Como tampoco podía forzar en exceso su convicción europeísta, recurrió al abstencionismo para reducir la consulta a un fracaso del Gobierno. Estaba en el guión previo: "Si no se supera el 50 % de participación, el referéndum será un fracaso". Eso había dicho Rajoy en vísperas, mientras recorría España pidiendo el 'sí'. Por el mismo precio podía haber dicho el 60 o el 70. El caso era poder asociar siempre el referéndum a un fracaso, pero no por culpa del PP. Qué retorcido y qué estéril.
OTR/PRESS