Guerra de editores
José Cavero
17/02/2005
Muy a menudo es posible observar en la prensa española la pelea de profesionales: Del Olmo contra Jiménez Losantos, Ramírez contra El País, Ussía contra Pradera... Muy a menudo se adivina que los correspondientes editores están detrás de cada uno de "los suyos", y que, en cierto modo, emplean a sus "escribidores" para batallas propias. Esta vez no sucede así: los propios editores han dado la cara, y han posado en fotografía, para personalizar la batalla: casi todos contra Polanco. Aunque, en rigor, tampoco es "tan así" como parece. Ni Polanco está tan solo ni están tan acompañados los restantes. ¿Qué está sucediendo? Pura pura y clara lucha de intereses, con el Gobierno de por medio. Polanco quiere reforzar y consolidar sus muchísimos poderes y los demás se resisten y rechazan la posibilidad de que el editor cántabro vuelva a verse beneficiado por un Gobierno socialista, después de haber sido beneficiado por el Gobierno del PP con la fusión de las plataformas digitales en una sola, grande y única. Polanco quiere que Canal Plus sea canal en abierto. ¿Y con Localia, nacida en la ilegalidad y la clandestinidad, qué hacemos, don Jesús? Dicen que el procedimiento sería una cosa por la otra: Canal Plus abierto a cambio de cerrar Localia. ¿Y crear alguna televisión más? Esa es la otra gran cuestión en el debate público. Sobre todo, el "para quién sería ese formidable regalo". ¿Pedro "Jota", ABC-Vocento, el Episcopado...?
Sería deseable que el Gobierno de Zapatero, o de quien fuere, aprovechara de una vez para poner en orden en las ondas, las radiofónicas como las televisivas, y alineara a ambas en orden a conseguir unos propósitos muy deseables: primero, que las normas sirvan para ser cumplidas por todos. Eso equivaldría a decir que se acabó la gran división: legales o ilegales. Segundo, que si es posible, técnicamente, conceder nuevas autorizaciones de radio y televisión, que se concedan de una vez, y a quien haya hecho méritos en razón de su trayectoria profesional, por su aportación a la programación global. O sea, no para hacer más de lo mismo: basura en las ondas, demasiado a menudo. Tercero, urge acometer el apagón analógico y pasarse a la radio y la televisión digital. Acórtense los plazos, dense facilidades y no se permitan más dilaciones de quienes se ven muy cómodos en la actual situación porque de ese modo no tendrán mayor competencia.
No todos han querido aparecer en las fotografías de los unos contra los otros. La Radio Intereconomía de Julio Ariza, por ejemplo, ha preferido mantenerse al margen de esta clase de peleas tan escasamente constructivas y útiles. Ariza ha demostrado que sabe reunir y respetar a un grupo de profesionales en torno a un proyecto distinto, original y conveniente: una radio especializada en cuestiones económicas. Y se apuntó, entre los primeros, a las nuevas técnicas de la emisión digital, para comprobar cómo "los grandes y veteranos" le cerraban ese paso hacia la igualdad de posibilidades.
OTR/PRESS