Realismo cínico
Antonio Casado
16/02/2005
Una vez más, el poder se imita a sí mismo. El Zapatero de enero de 2005 como el Aznar de enero de 1997. Después del talante, las sonrisas, el cambio tranquilo, la recuperación del sosiego, la mirada al futuro, el diálogo, los pajaritos cantan, las nubes se levantan seis meses duró en ambos casos-, el poder político empieza a buscar el sitio.
El poder político busca el sitio entre los demás poderes. Y no me refiero a la troika de Montesquieu, sino a los poderes reales, también llamados fácticos. Es un proceso de acomododación a la mesa donde se sientan las escasas personas que parten el bacalao. En estos momentos Zapatero trata de encontrar la postura. Se nota porque en sus manifestaciones se empieza a ver como retroceden los principios (¿Y si lo de la retirada de las tropas de Irak solo hubiera sido un espejismo?) y avanza lo accidental, lo negociable, lo relativo.
Una pista: las entrevistas secretas y la vía de urgencia para ciertas iniciativas legislativas. Lo primero tiene que ver con la búsqueda de atajos para ganar la medalla de la pacificación vasca. Lo segundo, con la retribución de servicios prestados a un "poder fáctico fácilmente reconocible", en expresión de Aznar quien, a su vez, tampoco dejaba de retribuir a otros poderes fácticos más adictos a su causa.
Si por los atajos y las cunetas del camino empiezan a quedarse los principios, pues qué se le va a hacer. Es el trecho que va desde que el objetivo máximo de conquistar el poder es sustituido por el objetivo máximo de conservarlo. Aunque haya que buscar vías que no vienen en el mapa democrático o hacer cosas por debajo de la mesa. Solo me faltaba escuchar en boca de un señalado portavoz de este Gobierno que, al fín y al cabo, los argumentos utilizados por Aznar para buscar la compañía del fuerte, Estados Unidos, primera potencia planetaria, poder de poderes, los fácticos y los otros, son los mismos que puede utilizar Zapatero para buscar la compañía de ese "poder fáctico fácilmente reconocible" que tanto contribuyó a desalojar al PP del poder. Salvando las distancias, claro. Y las magnitudes, que no son comparables. Pero sí es comparable esta suerte de realismo cínico que antes o después se apodera del recién llegado a la Moncloa. Seis meses parece ser el tiempo de carencia. Y luego, a encontrar la postura.
OTR/PRESS