Zapatero no nos falles
Pedro Calvo Hernando
15/02/2005
Ayer les decía que lo del Carmel contaminaba al Gobierno de Zapatero. Al menos desde la perspectiva del choque que puede producirse con los grandes principios y las grandes expectativas generadas por el presidente y su partido durante los tiempos anteriores a las elecciones del 14-M y en los meses posteriores. Ya sabemos que las competencias en la materia concreta de lo sucedido en Barcelona son de la Generalitat y algo del Ayuntamiento. Pero seguramente han faltado reflejos en la Moncloa para situar el desastre en su auténtico lugar y para entender la trascendencia humana y política de lo ocurrido en el barrio del Carmel. No puede olvidarse o desconocerse que la Generalitat está presidida por uno de los grandes barones socialistas y que el alcalde es también una personalidad importante del mismo partido. Algo o mucho tendrá que decir y decirles Zapatero aunque solamente fuese por esa circunstancia.
Me estoy refiriendo a la incompetencia técnica y a las medidas de censura informativa de la Generalitat, que tendrían que haber sido denunciadas claramente desde la Moncloa, al tiempo que se tendrían que haber sugerido o inducido los ceses o dimisiones oportunos. Si nada de esto se ha sabido hacer, es una razón más para que pensemos que algo importante ha fallado, en recuerdo del "Zapatero, no nos falles". Jamás se debió permitir dar la impresión de que se aceptaba aquello de que para los políticos lo importante es salvarse de la quema y conservar los puestos. De eso hemos visto tanto en España que sentimos pena y decepción por la sola sospecha de que pueda seguir sucediendo. Y la famosa decisión de que Zapatero no afrontara directa y arriesgadamente su presencia en la zona cero del desastre mezclado entre la gente que lo esperaba, eso es algo que yo nunca hubiera imaginado y que afearé al presidente en la primera ocasión que tenga de hablar en persona con él, que, por cierto, no sé con qué tipo de comunicadores se comunica, quienes a lo peor no le hablan con la sinceridad debida.
OTR/PRESS