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La venda y la herida
Carlos Carnicero
16/02/2005
El incendio del edificio Windsor ha desatado las críticas por la falta de previsión en sus instalaciones y por la laxitud en la aplicación de las medidas de control e inspeccion para garantizar un grado de seguridad mínimo y razonable. Ahora, al calor del incendio, se disponen las autoridades a dictar nuevos reglamentos e instrucciones en un país en el que estamos acostumbrados a legislar siempre a caballo de la indignación por sucesos previsibles y evitables. Cuando un delincuente, en permiso penitenciario, comete un delito, somos partidarios de endurecer el sistema carcelario y cuando se produce un incendio renovamos la normativa preventiva. En todo esto hay carácter latino pero también falta de modernidad y de confianza en el papel regulador del estado y de sus instituciones.
Al final la prevención determina gasto público. Para controlar, exigir, legislar e inspeccionar hace falta dinero del presupuesto que se tiene que traducir en recaudación fiscal. Los trenes en la Inglaterra ejemplar por sus transporte públicos empezaron a descarrilar cuando una política conservadora de abaratamiento presupuestario desvió el mantenimiento del sistema ferroviario a manos privadas y disminuyo la capacidad de control del Estado.
España es un país excelso en accidentes laborables y en catástrofes sin recursos para combatirlas. A la cifra record de muertos en accidentes de trabajo y la falta de previsión para combatir el hundimiento del Prestigie se une ahora al escándalo de todo un barrio barcelonés hundido por las obras del metro y al incendio de un rascacielos como si fuera una teja a los ojos de todo el mundo.
Modernidad es previsión pero también es fortaleza y eficacia de un estado y de sus instituciones para inspeccionar, mantener, prevenir y sofocar. Y todo eso está reñido con dos conceptos liberales que hacen furor entre los que no quieren pagar impuestos y dicen que el Estado tiene que adelgazar y que el mercado tiene que regular nuestras vidas. Al calor del incendio del Windsor y del hundimiento de El Carmel podríamos aprovechar para hacer una reflexión de largo recorrido para poner vendas duraderas en heridas que ojalá no lleguen a producirse.
OTR/PRESS |
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