Votaciones e intereses
Ramón Pi
14/02/2005
Las votaciones sirven para lo que sirven. No sirven para cualquier cosa. Por ejemplo, no sirven para determinar cuál es la raíz cuadrada de 25, ni para establecer si Dios existe o no, ni para resolver si un edificio es hermoso o es un bodrio. En cambio, sirven como ningún otro instrumento para cuantificar los intereses de un grupo humano, que pueden ir desde el lugar en que construir una estación de autobuses hasta qué partido ha de administrar el poder durante cuatro años, pasando por si un opositor es apto o no lo es para ejercer como letrado de las Cortes. Las votaciones resuelven conflictos de intereses que no puedan encontrar solución de otra forma, pero nunca para encontrar la verdad, la belleza o la bondad de las personas y las cosas. De vez en cuando parece necesario recordar estas cuestiones elementales, sobre todo en vísperas de una cita con las urnas. Ahora nos piden que nos pronunciemos en referéndum sobre el Tratado de la Constitución europea. ¿Debemos reflexionar sobre si lo que dice ese texto es verdad, es hermoso o es bueno, o más bien debemos pensar si nos interesa o no? Parece evidente que lo segundo: el referéndum debería mostrar a cuántos españoles les parece conveniente para sus intereses la nueva Constitución, y a cuántos les parece perjudicial.
Sentado esto, creo que hay que sospechar que hay trampa cuando le vienen a uno con argumentos metafísicos, metafóricos o poéticos para que vote de determinada manera. "Más Europa", como le gusta decir a Rodríguez Zapatero, ¿qué quiere decir? "Una España fuerte en una Europa fuerte", como dijo Chirac, uno de los principales responsables del debilitamiento de la influencia de España con el proyecto de nueva Constitución, ¿es algo más que una frase hueca?
OTR/PRESS