Nuestra mala salud mental
Francisco Muro de Iscar
10/02/2005
Al margen de los terroristas de ETA, enfermos mentales de algo que no tiene cura, una cuarta parte de los habitantes de todos los países del mundo desarrolla alguna enfermedad mental o desorden neurológico al cabo de su vida. En España estaríamos hablando de diez millones de personas. Hablamos de Alzheimer, esquizofrenia, depresión, adicciones a sustancias psicoactivas, retraso mental, epilepsia, algunas enfermedades crónicas infantiles... Millones de españoles que, en muchos casos, están dejados de la mano del Sistema Nacional de Salud que les devuelve sistemáticamente a sus familias para que éstas, sin medios, sin ayuda, sin posibilidades, afronten el problema.
Europa ha iniciado un Plan para reducir el tremendo impacto de la enfermedad mental. No hablamos sólo de salud, sino de gasto social, de personas que tienen que abandonar su vida laboral y modificar absolutamente su vida personal o familiar. Pero sobre todo hablamos de carencias. Faltan psiquiatras en las plantillas de los hospitales, faltan plazas en los hospitales, faltan Centros de Día, no hay programas de detección precoz, no hay una especialidad de Psiquiatría infanto-juvenil, cuando sería indispensable... Y, además, hay un rechazo social no sólo a los enfermos sino al problema. Como si no existiera. Un tercio de países europeos no tiene política mental específica. El gasto medio en salud mental sólo supone el 5,7 por ciento de la inversión sanitaria mientras que la carga total al sistema del área de salud mental es del 20 por ciento.
Francia ya ha puesto en marcha un Plan con su correspondiente dotación de recursos: más plazas en los hospitales, más psiquiatras 245 a 300 profesionales más al año hasta 2010-, programas de formación de enfermeros, políticas de acompañamiento en domicilio y de alojamiento médico-social...
¿Y en España? Los psiquiatras y los psicólogos están alarmados por el aumento de la demanda de atención y por la carencia de medios. El Ministerio de Sanidad, después de años de no hacer nada en este terreno, trata de analizar la situación en una acción conjunta con las comunidades autónomas que culminará en una estrategia de salud mental para los próximos diez años. Buenas intenciones, escasas posibilidades, ninguna respuesta. Nos falla la cabeza.
OTR/PRESS