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Coletazos
Carlos Carnicero
10/02/2005
El Lenguaje de ETA es la desgracia y todas sus manifestaciones solo pueden tener forma de explosiones. Ahora ETA intenta desesperadamente demostrar que esta viva y que todavía tiene oxigeno para realizar la única actividad para la que está dotada, que es la siembra de la muerte. Es un lenguaje simbólico en el que un "comando itinerante" llega, coloca, explosiona y se va y en su acción solo hay la consternación de quien ya carece de cualquier credibilidad incluso para el crimen. Pero el hilo conductor, hasta el núcleo de la trasgresión, determinará que los autores y quienes los dirigen caerán más pronto que tarde en las manos de la ley.
Lo de ETA es una historia en trance de liquidación en la que la épica, incluso si el crimen pudo tenerla, se ha disuelto en su incapacidad para abandonar y retirarse del escenario cuando el público todavía podía agradecer el gesto de ese repliegue. Cada día que discurre sin que los que dirigen ETA tengan la inteligencia de abandonar, pierden posiciones para que la sociedad valore su gesto, porque ya sólo puede estar motivado por su incapacidad y no por sus convicciones.
El reloj discurre para todos. Para el Lehendakari, que ha sido padre de un plan que ya no quiere reconocer como legítimo. Para el nacionalismo vasco, que ve desaparecer el paraguas del crimen organizado, que permitía que sus reivindicaciones estuvieran adobadas siempre de amenazas que ellos no formulaban, pero de las que siempre sacaron beneficio. Para quienes el reloj ya no mete prisa es para el conjunto de los vascos y de los españoles que quieren vivir en libertad, en armonía y en un universo de confort, en el que lacondición de vascos, españoles y europeos forme un acomodo en que conjugue sus emociones y sus intereses, sin que exista una contradicción vital.
Los tiempos han cambiado y ya no son reversibles. La añoranza del antiguo régimen idílico, que constituyo el núcleo simbólico nacionalista de la vuelta a un pasado inexistente, ha dejado paso a un futuro de progreso, en el que los vascos perciben que el parasol de España y de Europa, cosidas por un mismo anhelo, es el único paraíso que está al alcance de la mano. Lo de ETA, sus estertores, es solo un emblema de los tiempos que vienen, que son imparables. Si cada actor quisiera aprenderse su papel, correría en busca de su libreto. Pero tal vez sea demasiado pedir para quienes discurren solo con las emociones; incluso de las emociones perversas.
OTR/PRESS |
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