Regularizar a los "invisibles"
Rosa Villacastín
08/02/2005
Ha comenzado la regularización de los inmigrantes sin papeles en medio de la polémica entre los dos grandes partidos PP y PSOE que, ni siquiera en un tema tan preocupante cómo este, son capaces de ponerse de acuerdo. Y bien que lo sentimos los ciudadanos porque hasta ahora todas las medidas adoptadas por el anterior Gobierno no han servido de nada. Y a las pruebas me remito: en los últimos diez años se han instalado sólo en Madrid 800.000 inmigrantes. Lo que quiere decir que la mayoría de ellos aterrizaron en la capital del reino cuando gobernaba Aznar que, como es sabido, nada pudo hacer para detener esta riada de personas que llegan a nuestro país en busca de un mundo mejor.
No sé si el proyecto del Gobierno de Zapatero solucionará un problema que es común a toda Europa. Lo que sí sé es que con esa medida saldrán a la luz muchas de las miserias que padecen quienes se ven obligados a vivir en la clandestinidad, y sin los cuales muchas mujeres no podríamos trabajar, muchísimos niños quedarían desasistidos, miles de ancianos aislados en sus casas sin un alma caritativa que les saque a pasear, les asee, les haga la comida. Cuando oigo a algunos políticos oponerse a la legalización de los "invisibles" pienso si son de otro mundo o de este. Si ellos no tienen las necesidades que tenemos los demás. Si sus mujeres son tan super-woman que no necesitan asistentas, empleadas de hogar que les alivien de las tareas domésticas después de una jornada de trabajo fuera de casa. No estaría de más que de una vez por todas PP y PSOE intentasen llegar a un gran acuerdo, sin mirar a las urnas.
Creo que la regularización de los sin papeles tiene más ventajas que inconvenientes. Una, pagarían la Seguridad Social que consumen. Pues no es ningún secreto que basta que se empadronen -lo que todos hacen nada más poner un pie en el país-, para que puedan disfrutar de la Sanidad Pública que al no cotizar se está deteriorando a marchas forzadas. Algo que puede comprobar con sus propios ojos cualquiera que se acerque a las urgencias de un gran hospital, a donde acuden en riadas, especialmente los fines de semana y de madrugada. Dos, deberían pagar sus impuestos como cada hijo de vecino, lo que redundarían en las arcas públicas. Mantenerles ocultos como si no existieran sólo beneficia a los explotadores. Ahora bien, dicho esto la Administración debe articular medidas para evitar este flujo constante de inmigrantes que llegan a diario a nuestro país por tierra, mar y aire.
OTR/PRESS