Michael: ni blanco ni negro
Agustín Jiménez
08/02/2005
En los telediarios de todos los países, aparecen crónicas pertinaces sobre la salud del Papa y el proceso de Michael Jackson, dos obsesiones masivas, dos concentrados de religión popular que los profanos harán mal en enjuiciar. Ambas son imágenes de declive. El jefe de los cardenales, personaje impoluto, se resiste a salir del escenario, por abnegación sacrificial o por un patético empecinamiento de 'prima donna' pasada de esplendores. El niño-viejo blanco-negro proclama melosillo su cariño por los niños-niños. Acuciado de deudas, fracasado en su último disco, se coloca ante los focos mundiales para disculparse de una de las acusaciones más míseras de la actualidad. En los últimos años no han dejado de propalarse hazañas de curas pedófilos. Cuando habla Michael, adopta una pose de cura triste o de arcángel jubilado.
Todo ello en unos días en que se han despedido dos mandatarios uno de ellos de muerte dulce, como los pobres muchachos de Todolella, un rey de Nepal de nombre completamente improbable ha dado un golpe de estado, se ha dejado de hablar de las elecciones irakíes -aunque aun no conocemos bien los resultados-, se ha celebrado la Supercopa del fútbol americano y Condoleeza Rice ha anunciado un vuelco espectacular en Palestina. La negra mala del país odioso forja en hechos lo que sólo fueron buenos propósitos durante la gestión de un blanco bueno del país de Bambi, Moratinos, representante en la zona de la civilizada Europa una larga temporada. Al negro Colin Powell lo sucede la negra Rice y un general negro vigilará por la contención de los dos bandos. En la blanca América los negros son presentables, pero Jackson, un icono antiguo, todavía quiere ser blanco.
En el país en que flota, los famosos nunca van a la cárcel. Los juicios son una de esas especialidades locales que definen la antropología estrambótica de Estados Unidos: beatería masiva, apasionados deportes de reglas incomprensibles en el mundo normal, jueces y abogados porfiando entre el "sí" y el "no". Ninguna otra mitología ha creado tantos héroes del estrado. Los Perry Mason necesitan figurones a los que acosar, así que periódicamente convocan a un reo espectacular para completar los papeles. Aunque el reo sea culpable, nunca será condenado. Pero a lo mejor éste no es culpable. Haya hecho las inconveniencias que haya hecho, sea un diosecillo o un hortera repelente, nadie negará a Michael Jackson una monstruosa ambigüedad. Esto lo convierte simplemente en un héroe de nuestro tiempo.
OTR/PRESS