Mitines conincidentes pero no revueltos
José Cavero
04/02/2005
Dio comienzo la campaña para el referéndum de la Constitución Europea. Durante dos semanas, los distintos partidos nos invitarán a participar -cosa importantísima- y a inclinarnos por el "sí" o por el "no". Parece que unos y otros, partidarios y contrarios, son conscientes, sobre todo, de la conveniencia de que se vote, de que haya un porcentaje de electores suficientemente presentable. Para PP y PSOE casi parece secundario el voto favorable o adverso... porque se supone que una vez que se acuda a las urnas, lo lógico será que se preste apoyo al texto constitucional que se propone. Sencillamente porque no hay otro alternativo y no votar o votar en contra significaría un grado de incertidumbre que a pocos complace y pocos desean.
Lo cierto es que el PP de Rajoy y el PSOE de Zapatero se han lanzado ya a la campaña de mítines. Rajoy se estrenó en Baracaldo, y dejó bien claro desde el primer momento que el hecho de que coincida con Zapatero en reclamar el "sí" en la consulta popular no quiere decir que coincida con las restantes circunstancias, ni mucho menos. Por ejemplo, aprovechó para criticar la aportación de Zapatero a este texto constitucional comunitario, que supone retrocesos, para España, en relación al Tratado de Niza. En esta materia, Rajoy se ha alineado con su antecesor Aznar, que sigue reclamando "Niza, Niza, Niza..." como si fuera posible retroceder en el tiempo. Rajoy también aprovecha sus mítines para expresar su muy rotundo desacuerdo con el Zapatero del discurso en el "pleno de Ibarretxe". Considera que el presidente estuvo particularmente complaciente y amable con el lendakari, como si previamente, sugiere, hubiera llegado a un acuerdo para un futuro entendimiento entre las respectivas fuerzas políticas, PNV y PSOE, de cara a la elaboración de un futuro estatuto aceptable no sólo por el parlamento vasco sino también por las Cortes Generales. Rajoy piensa que nuevamente su partido podría verse en solitario en la reelaboración de ese Estatuto, y forzado a transigir en puntos en los que le gustaría mostrarse más resistente. Como viene sucediendo con Josep Piqué en la redacción de la reforma del estatuto catalán, que a menudo parece que no tiene más remedio que sumarse a lo que plantean de manera unánime los restantes partidos catalanes, republicanos, separatistas o independentistas incluidos.
Y la desconfianza de Rajoy llega más lejos: empieza a sospechar que habrá quedado en nada el acuerdo de principio al que llegó con Zapatero, en el Palacio de la Moncloa, para determinar criterios básicos y elementales a aplicar a la hora de afrontar las reformas previstas y anunciadas, tanto de la Constitución como de los Estatutos de autonomía. Piensan Rajoy y algunos de sus colaboradores que aquel gran principio de acuerdo puede estar quedando en papel mojado antes de haber sido integrada la comisión que debería elaborar esos puntos de acuerdo.
OTR/PRESS