Y Zapatero habló como presidente
Francesc de P. Burgera
02/02/2005
El debate sobre el proyecto de Estatuto para Euskadi, aprobado por el Parlamento vasco, se convirtió en un debate contra el lehendakari Ibarretxe. Sirvió para que los portavoces de los dos grandes partidos -Rubalcaba y Rajoy- pusiesen a caldo al lehendakari. Pero del texto remitido por la Cámara vasca no se discutió nada. No se entró en su contenido. Los dos partidos se opusieron, desde el primer momento, a que la propuesta fuese admitida a trámite. La sesión del pasado martes en el Congreso se convocó para decidir si el proyecto se admitía o no al trámite parlamentario. De haber votado a favor, el texto hubiese pasado a la comisión mixta en la que, una representación del Congreso y otra del Parlamento vasco, habrían podido analizar punto por punto su articulado y exponer los acuerdos o diferencias respectivas sobre cada uno de sus artículos. Se habría puesto blanco sobre negro cuales eran las discrepancias y si existía posibilidad de alcanzar el consenso en algunas. Esto era lo lógico, siguiendo lo que la Constitución y el Reglamento del Congreso establecen. Pero no se permitió que se llegara a éste trámite. No se permitió que el Congreso conociese y debatiese el texto con una representación del Parlamento vasco. Sólo se permitió el debate, por parte de los dos grandes partidos, para decidir si se admitía o no a trámite, cuando ya tenían acordado que iban a votar en contra. Y el debate se centró en la figura del lehendakari, no en el texto. Ibarretxe era el objetivo. Rajoy ya le había acusado de "cobarde" si no acudía al Congreso. El contenido del texto ni se abordaba. Cuando se hacía alguna referencia al mismo, se rechazaba su tramitación con argumentos como que "es el proyecto de ETA", que lo que pretende es "desmantelar toda la arquitectura del Estado español", o que "aprobar este proyecto sería reconocer que las víctimas de ETA han muerto en balde". Así se pronunciaba Rajoy. Pero ¿qué dice el texto? No se debatía. El objetivo, como he dicho, era Ibarretxe. Y a él se dirigía el presidente del PP con frases como, "se ha creído que usted es la ley", o acusarle de no jugar limpio y que la presentación del proyecto era "una desfachatez revestida de hipocresía".
Fue de todas formas un debate interesante. Sobre todo, por la aportación que hicieron los portavoces de los grupos minoritarios, quienes si estaban a favor de la admisión a trámite del proyecto. Y por la intervención del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, de manera especial. Intervención acertada en la que no hizo un discurso partidista sino institucional. Como presidente de todos los españoles. Recalcó que el rechazo del Congreso no debe interpretarse como una victoria ni tomarse como una derrota. "No será el final de un plan sino que estaremos asistiendo a un nuevo proyecto que mire al futuro con el respaldo de todos". Habló de una España plural que reconoce las identidades de sus pueblos. "Si vivimos juntos debemos decidir juntos". Y dirigiéndose a todos los vascos señaló que la construcción de su identidad y conseguir más autogobierno son posibles. Pero hay que decidirlo juntos. El presidente Zapatero no dio un portazo sino que dejó la puerta abierta para el diálogo y el consenso. Habló de esperanza y tendió la mano al lehendakari para abordar en conjunto el problema vasco. No regañó a nadie ni puso mala cara. Fue un discurso institucional, no de partido. Es como debe hablar un presidente de Gobierno.
OTR/PRESS