Hay que estudiársela
Pedro Calvo Hernando
04/02/2005
La Constitución Europea no entusiasma a los españoles. Esto no quiere decir nada sustancial, pues el tema a los ciudadanos les viene un poco ancho y muchos piensan que eso es cosa de los políticos y de las instituciones europeas ya en marcha. Sin dejar a un lado ese raro comportamiento del PP, que por un lado se proclama partidario y por otro no hace nada más que decir que lo bueno era el Tratado de Niza, ese que Zapatero no quiso defender. Se les olvida añadir que si Zapatero hubiera tomado la bandera de Aznar en lo de Niza, a estas alturas seguiría bloqueado el proceso constitucional y ni habría Constitución ni nada de nada. Pero ese asunto siempre es un buen pretexto para animar de forma indirecta a la abstención y quién sabe si incluso al voto negativo. Es otra de las particulares maneras que tiene el PP de ayudar al Gobierno en los grandes temas de Estado, que dicen ellos. Se dice que una baja participación sería considerada como un fracaso de Zapatero y su Gobierno: de eso se trata, claro. Por supuesto, eso no lo van a reconocer públicamente.
Uno piensa que los motivos de duda o reflexión sobre el contenido del texto constitucional están en el no muy excelente desarrollo de la democracia interna de la Unión Europea y en el hecho extraño de que se constitucionalice el régimen económico liberal. La Constitución debería ser el colmo de la democracia interna y el recipiente en el que debieran caber todos los modos de organización económica que no contradigan esos postulados democráticos. Hay que preguntarse qué pasa si un día la mayoría de la representación europea es partidaria de una economía no tan de libre mercado sino más de planificación o de tendencias socializantes. ¿Habría que reformar la Constitución como primera medida? ¿No habría sido más razonable habilitar desde el principio los cauces para que cualquier sistema fuese posible dentro del mismo recipiente? A pesar de esas cosas, lo que la Constitución ofrece es mejor que lo que tenemos, por lo que el pragmatismo tal vez aconseje votar a su favor. Pero antes estúdiensela un poco.
OTR/PRESS