De todo corazón
Consuelo Sánchez Vicente
02/02/2005
El lehendakari dijo con toda claridad lo que venía a decir. Y, con la misma claridad, el presidente del Gobierno le recordó dónde está el límite. El camino emprendido no tiene marcha atrás, terminará con una consulta democrática a la sociedad vasca, aseguró solemnemente Ibarretxe en defensa de la piedra angular de su propuesta: el derecho, según él, del pueblo vasco a decidir en solitario su futuro. "Al Gobierno le corresponde cumplir y hacer cumplir la legalidad, y así lo haré si fuera necesario. El idioma de la democracia es la ley: decidiremos juntos", le respondió con la misma solemnidad Zapatero.
Más allá de las manos tendidas "de todo corazón", el gesto manso, la confusión de creencias y realidades y demás "perifollos" con los que, como dijo Rajoy, Ibarretxe intentó disimular "el pelaje antidemocrático" de su propuesta, supongo que con la pretensión de seducir a las cámaras de televisión, que no a la Cámara que representa a la soberanía nacional, ya curada de espantos; lo que ayer por la tarde estaba en cuestión es lo que el propio Rajoy señaló a continuación, con la cortesía debida pero con pulso de cirujano: si en España se aplica o no se aplica la ley. La respuesta, si la frase del presidente del Gobierno que he incluido en el primer párrafo de este artículo apresurado significa lo único que yo creo que puede significar, es que sí, que en España nadie está por encima del Estado de Derecho. Y, que si Ibarretxe pasa (que está por ver) del dicho al hecho y se salta la ley, el Gobierno, simple y llanamente, se la hará cumplir.
"¿Pretende usted acaso proclamar la independencia con nuestras bendiciones", le preguntó 'retóricamente' Rajoy al lehendakari. Digo 'retóricamente' porque, a la luz de lo que el lehendakari ha dicho y repetido hasta ahora, la última vez ayer, la respuesta es evidente: pretenderlo, sí. Pero, de todo corazón, lehendakari: no tiene usted los votos necesarios para hacerlo. Socialistas y populares, que juntos suman el 80 por ciento de los votos que emitimos los ciudadanos y el 86 por ciento de los escaños del Congreso de los Diputados, no apoyan "su" plan. Y, en democracia no mandan los voluntarismos sino los votos. ¿Caso cerrado? Solo si, a diferencia de los nacionalistas catalanes, los nacionalistas vascos se empecinan en la senda de la ilegalidad y rechazan la mano que ayer les tendió el Congreso, por boca del presidente del Gobierno, para que quienes vivimos juntos decidamos juntos lo que juntos debemos decidir.
OTR/PRESS