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Home  Opinión  Antonio Casado
 
Zapatero, demasiado amable

Antonio Casado

02/02/2005

Se entiende que Zapatero no quiera darle motivos a Ibarretxe para que éste pueda presentarse como virgen ofendida. Que el nacionalismo se nutre del agravio exterior es un lugar común sobre el que organiza el socialismo gobernante su estrategia de acercamiento al PNV. Pero la cantidad condiciona la calidad. Cuestión de medida. Como las dosis en medicina, que pueden curar o matar. A ver si por no alimentar el victimismo de los nacionalistas acabamos alimentando su prepotencia porque entonces no estaríamos ante una hábil estrategia de Zapatero, sino ante un logro más de los nacionalistas. Nacionalista ofendido o nacionalista sobrado. No sé qué es peor. El discurso de Zapatero les quita los motivos de queja pero les infla el pecho. El otro día perdieron por goleada en el Congreso de los Diputados, pero salían encantados de haberse conocido después de escuchar a un presidente del Gobierno que hablaba de "reconocimiento recíproco de legitimidades" y se ofrecía a buscar juntos "un nuevo marco de convivencia".

El mismo presidente del Gobierno que les había conseguido a última hora el formato más favorable para que Ibarretxe pudiera replicar a los portavoces de los grupos parlamentarios, justo en la hora de las máximas audiencias televisivas, en contra de la interpretación inicial de la presidencia del Congreso de los Diputados sobre el procedimiento a seguir en las reformas de los Estatutos de Autonomía. Debe ser desalentador tender la mano y que te la muerdan. Pero es lo que ocurrió el martes cuando Zapatero formuló la ecuación central de su postura frente a la ofensiva del nacionalismo vasco contenida en el llamado 'Plan Ibarretxe'. La ecuación de Zapatero, "si vivimos juntos, decidamos juntos", no deja de ser una obviedad a la luz de la razón y del derecho, aunque Rodríguez Zapatero la usara como una tentativa más de acercamiento al lehendakari. Tentativa frustrada.

El resultado no pudo ser más decepcionante porque Ibarretxe volvió a negar la mayor: "¿cómo que vivimos juntos?, eso es justamente lo que queremos decidir, si queremos o no queremos vivir juntos". Ahí se extendió sobre las desgracias que suelen traer las convivencias impuestas o no deseadas. Y vuelta a empezar con todo ese verbalismo manufacturado a partir de un "problema vasco" cuyo arraigo en la reciente historia de España no tiene otra causa que la existencia y la persistencia de ETA, como expresión del nacionalismo que mata. El terrorismo de ETA y el secuestro de las libertades. Ese y no otro es el verdadero problema vasco y la verdadera palanca para que el nacionalismo que gobierna pueda presentar como verdadero un "problema" que solo existe en el marmitaco de don Sabino.

OTR/PRESS
 

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