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Home  Opinión  Rafael Torres
 
La buena educación

Rafael Torres

02/02/2005

Bastó un poco de educación, de continencia verbal y de respeto a la Cámara y a la función de los diputados en ella para que lo que iba a representar el fin de España, esto es, el 'Plan Ibarretxe', deviniera en lo que verdaderamente es y ha sido siempre: un proyecto político que una minoría, de carácter local en este caso, presenta para su examen, debate y eventual aprobación. Pero muy lejos tuvieron que llegar las cosas, y las voces, y las descalificaciones, y los insultos, durante la tramitación, para que hoy nos hagamos lenguas de lo fino y ponderado que resultó el debate, cuando lo cierto es que un debate en el Congreso, para que sea verdaderamente parlamentario, ha de ser siempre ponderado y fino.

Bien es cierto que las posturas, la de la mayoría vasca y la de la mayoría española, permanecen hoy tan inamovibles como antes, pues ambas parten de supuestos unívocos, pero no lo es menos que el esfuerzo de los representantes del pueblo por someterse a una dialéctica sin histerias ni calumnias habrá de dar sus frutos. En este país en que nadie escucha a nadie, así en la calle como en casa o en el Parlamento, puede tener un efecto altamente positivo esa actitud ensayada el martes por los diputados, algunos, bien es cierto, con más fortuna que otros. La contemplación de un presidente de Gobierno que escucha, que asiente o niega elegantemente con la cabeza desde su escaño, que replica con urbanidad y que, en fin, hace honor con su comportamiento cívico a la alta magistratura en la que se halla instalado, contrasta muy favorablemente con aquella otra contemplación de un presidente, el anterior, abonado sin reservas a la reyerta parlamentaria, a la mala educación y al sectarismo. Hablando puede que se entienda o que no entienda la gente; chillando, nunca.

OTR/PRESS
 

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