División de tareas frente a Ibarretxe
José Cavero
02/02/2005
Se cumplieron la mayor parte de los pronósticos, y el lendakari Ibarretxe y su plan secesionista recibieron un formidable varapalo en el Congreso de los diputados: 313 votos contrarios y 29 favorables es la cifra final de la confrontación, bien expresiva de cómo se defendieron las fuerzas del Estado frente a las nacionalistas de PNV, EA, CiU, ERC, BNG y Nafarroa Bai. Algunos dirigentes de estas agrupaciones tuvieron difícil la tarea de justificar su solidaridad con el proyecto del lendakari, por coincidir con el fondo de sus aspiraciones de autodeterminación pero sin poder aplaudir el modo con el que ha actuado, que contradice el que, por ejemplo, reúne ahora mismo a todos los partidos en un grupo redactor del futuro estatuto catalán. Pero probablemente quien más difícil tuvo la tarea de explicar su voto contrario al Plan fue el dirigente de IU, Gaspar Llamazares, que padece la gravísima esquizofrenia de que el líder de su filial vasca está integrado en el tripartito que gobierna Euskadi y que patrocina o apadrina el 'Plan Ibarretxe'.
En cuanto a las intervenciones de los grandes líderes nacionales, hay unanimidad en destacar que Mariano Rajoy pronunció un discurso contundente, sólido, roqueño. Debió hacer los efectos de un asteroide sobre el invitado que venía de Euskadi. La intervención de Rodríguez Zapatero, en cambio, ha suscitado mayor controversia: a algunos les pareció insuficientemente drástica y tajante. Otros advierten que el jefe del Gobierno no podía resultar tan áspero como el principal dirigente de la oposición por varias razones: primera y principal, porque era imprescindible que el presidente del Gobierno dejara alguna vía de salida y de solución al lendakari. Alguien tenía que indicarle, sin acritud, la vía posible para desatascar el problemático asunto de incrementar los poderes a la autonomía vasca sin saltarse las reglas del juego. Una segunda razón, por la eventualidad de que, tras las elecciones autonómicas vascas, los socialistas de Euskadi deban tener un papel de un cierto relieve en el encauzamiento y enderezamiento de la cuestión. Y aún más: parece evidente que Zapatero tiene mucha mayor fe y "cree positivamente" en un modelo, el autonómico, hacia el que la dirección del PP, por razones históricas y de ideología, nunca ha mostrado entusiasmo y sí muchos recelos.
Lo cierto es que, en efecto, Zapatero pudo parecer, y pareció, bastante más suave y comprensivo que Rajoy. Hasta el punto de que el líder opositor hace decir a un analista político bien caracterizado que "Rajoy es el único político que merece ocupar el Gobierno de la nación", y que "ya sólo queda un partido democrático y español, que defiende la nación y por ende la Constitución: el PP". Y, por el contrario, amonesta seriamente a ZP, de quien dice que "abdicó de sus obligaciones nacionales y constitucionales y se mostró como un peligro para España, acaso el más grave de todos". Con todo, y una vez que quedó bien claro el rechazo al Plan del lendakari, planeaba la gran duda siguiente: ¿Y ahora, qué? ¿Cuál será el siguiente movimiento del "ejecutado" en Madrid? ¿Qué efecto práctico habrá tenido sobre él la catarata de votos contrarios?
OTR/PRESS