Alimentar la violencia
Rosa Villacastín
25/01/2005
Que la violencia genera violencia lo sabe hasta el Tato, pero que la no violencia genere la violencia que se pretende denunciar, es un fenómeno relativamente nuevo que se puso de manifiesto en Madrid durante la concentración que tuvo lugar el sábado por la tarde. Promovida por la Asociación de Victimas del Terrorismo lo que podía haber sido un grito unánime contra ETA, se convirtió en una batalla contra los miembros del Gobierno o del PSOE que se unieron a los manifestantes. Qué los asistentes, bastantes más que un grupo aislado, zarandearan, golpearan e insultaran a José Bono, actual ministro de Defensa y a Rosa Díez, no demuestra más que la semilla del odio ha prendido y echado hondas raíces entre una parte importante de la población española que no se resigna a que el PP haya perdido las elecciones del 14-M.
Confieso que cuando vi las imágenes por televisión sentí miedo, sentí preocupación porque me recordaban a otras muy parecidas que fueron tomadas en los primeros años de la transición. Pertenecían a ciudadanos airados, henchidos de resentimiento hacía unas siglas y hacia sus militantes a los que nadie podrá negar su trayectoria democrática. Lo más curioso es que los protagonistas, los que golpeaban con fuerza y saña, eran gente joven, de mediana edad, hombres y mujeres capaces de echarse a la calle con la sola intención de insultar a un ministro y a una diputada que si por algo se han caracterizado es por su postura inequívocamente contraria a todo tipo de violencia, pero muy especialmente a la etarra.
Lo que ocurrió el sábado en Madrid debería hacer meditar a quiénes desde diferentes tribunas alimentan estos malos instintos. Insultar a Pilar Manjón, siendo como es una mujer que ha perdido a su hijo, que ha sentido el zarpazo del terror en sus propias carnes, no demuestra más que hay una parte de la sociedad española que está profundamente enferma. Una enfermedad que en vez de curar alimentan algunos políticos, algunos medios, algunos comentaristas.
Pensar que la patria la defienden solo quiénes votan al PP es desconocer la realidad de este país. Pensar que sólo están contra ETA los que votan al PP, es una falacia que no se sostiene. Pensar que el PP es el único partido que puede gobernar y gobernar bien no demuestra más que en este país todavía queda mucho por hacer y que la democracia es más débil de lo que pueda parecer. De ahí la necesidad de que políticos tan templados como Rajoy, Ana Pastor, Arias Cañete o Arístegui, tomen de una vez por todas las riendas de su partido, y lo centren. Claro que para hacerlo tendrían que alejar del primer plano a otros como Ángel Acebes o Zaplana que se han convertido en la cara más crispada del primer partido de la oposición.
OTR/PRESS