Expedientes académicos ministeriales
Joseba
25/01/2005
He prometido que no voy a decir sus nombres y me está costando mucho cumplir este compromiso. El caso es que "alguien" ha conseguido los expedientes académicos de varios ministros(as). Tres de estos expedientes –insisto en que no puedo decir de quienes se trata- no son para que sus titulares puedan sentirse precisamente orgullosos(as). Todo lo contrario. Las calificaciones hacen pensar que fueron alumnos que no llegaron a ser calificados ni siquiera de mediocres. Son todo una definición de lo que, incluso con benevolencia, se podría llamar "muy malos estudiantes". Y, para mayor sorpresa, no corresponden al núcleo de ministros(as) considerados como "peores todavía". Tampoco se trata del expediente –cuya carrera no consiguió finalizar- del Vicesecretario del Partido, Pepiño Blanco, ni del expediente del propio Presidente del Gobierno, cuyo nivel y actuación académica durante su efímero y circunstancial pase como profesor en la Universidad algunos alumnos de entonces califican, como mejor cosa, de anodino.
Estoy de acuerdo en que para el ejercicio de determinados cargos –aunque conveniente- no es imprescindible la posesión de títulos académicos. El sentido común, unido a la honradez, puede suplir determinadas carencias. El problema es que estas dos cualidades (sentido común y honradez) no son reconocidas precisamente a los políticos. Tener lo que se llamaba una formación, lógicamente, ayuda a adquirir criterio y a desarrollar el sentido común y la personalidad. La penuria de sentido común explica la falta de sensatez de algunos personajes. Para no desesperarme quiero pensar que no les falta honradez.