Una pedagogía arriesgada
Consuelo Sánchez Vicente
31/01/2005
El Congreso de los Diputados, único depositario legal y legítimo de la soberanía popular, celebra mañana una de esas pocas sesiones que de verdad cabe calificar de históricas: el proyecto que el Parlamento vasco ha enviado a las Cortes disfrazado de Reforma del Estatuto de Autonomía de Euskadi es en realidad, como ya se ha dicho hasta la saciedad, un intento encubierto del nacionalismo vasco de reformar unilateralmente la Constitución. La naturaleza tramposa del disfraz es evidente. Constitucionalmente, la Autonomías pueden proponer reformas estatutarias pero no reformas constitucionales. Ni directas, ni encubiertas. O sea, que, si como quería el PP, el Congreso hubiera recurrido este proyecto ante el Tribunal Constitucional nada más recibirlo y se lo hubiera devuelto al Parlamento vasco sin debatirlo, no habría hecho nada ilegal o indebido. Contra lo que pretende Ibarretxe, no habría habido desprecio alguno hacia la voluntad de los vascos en ello.
El 'Plan Ibarretxe' se va a debatir porque el Gobierno socialista considera que derrotarlo en el Parlamento y dejar el recurso a los tribunales solo para el caso de que el lehendakari se rebele contra el veredicto de las Cortes (que, con toda seguridad, rechazarán mañana su plan por al menos el 86 por ciento de los votos, que es lo que suman juntos el PSOE y el PP) es una pedagogía política mejor cara a las próximas elecciones autonómicas vascas que alimentar el "victimismo" del lehendakari llevándole directamente a los tribunales. Es otra forma de verlo. Tan legítima, en mi opinión, como la del PP.
Y, si sale bien, la mejor de las dos. Si ZP es capaz de ganarle políticamente a Ibarretxe primero en las Cortes españolas y después en las urnas vascas, la loca deriva hacia el soberanismo étnico que propugna el lehendakari sería historia, con mayor seguridad que si le gana solo en los tribunales. Pero siempre hay un pero, y, en este caso, grave. La estrategia del presidente del Gobierno es extraordinariamente arriesgada. La partida no acaba mañana: empieza mañana. Si, aunque mañana pierda en el Congreso, Ibarretxe barre en las próximas elecciones vascas, que el lehendakari convertirá con toda seguridad en un plebiscito de su plan, ese plan, como me dijo una vez un alto dirigente popular, será "tan ilegal como ahora, pero, políticamente imparable". Si a ZP le sale bien la jugada, que ojalá, se coronará de laurel: suyo será el mérito. Pero, como le salga mal, aunque la responsabilidad sea solo suya, todos estaremos en un buen lío.
OTR/PRESS