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Home  Opinión  Ramón Pi
 
Víctimas politizadas

Ramón Pi

24/01/2005

En el reino de la propaganda y la imagen en que nos toca vivir, no tiene nada de extraño que los medios más amigos del Gobierno estén engordando hasta el ridículo el incidente de la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del terrorismo (AVT), porque de ahí salen muchas ventajas: se deja de hablar de las reticencias del Gobierno ante esa manifestación, se presenta a la AVT como un nido de salvajes ultraderechistas y a Bono como un santito atropellado, se pasa -en lo posible- el escándalo de la ausencia de Peces-Barba, y todo eso se hace en la seguridad de que nadie osará decir que, al fin y al cabo, el acoso a Bono, condenable en todo caso, no fue para tanto, porque quien así se pronunciase sería inmediatamente crucificado mediáticamente como fascista repugnante.

Hay bastantes explicaciones para el intento de agresión que sufrió Bono, y que no sufrieron, en cambio, ni Jordi Sevilla, también ministro, ni otros socialistas, que iban en un lugar protegido de la manifestación y no estaban en medio de una gente enfadada con un Gobierno que se permitió desasistir el acto de la indispensable cobertura policial. Pero eso me parece que es lo de menos, comparado con la causa última de que estas cosas hayan podido ocurrir. Y, a mi modo de ver, la raíz hay que buscarla en la incomprensible fragmentación de la AVT mediante la creación de una asociación de víctimas del 11-M que no hacía absolutamente ninguna falta, a no ser que fuera necesaria para completar la espantosa politización de aquellos atentados perpetrados tres días antes de las elecciones generales.

En efecto, es razonable esta sospecha por el curso de los acontecimientos: hasta el 11-M, las víctimas del terrorismo, asociadas en la AVT, se habían comportado con un apartidismo ejemplar, delicado y exquisito, huyendo de cualquier signo de venganza y aguantando en silencio la desgracia que cambió sus vidas. El solo nacimiento de 'la otra' asociación de víctimas ya era, por eso mismo, sumamente sospechoso, y la sospecha creció hasta casi la pura certidumbre cuando, a poco de constituirse, ya sufrió una escisión en medio de una considerable bronca interna, precisamente por acusaciones de politización indebida. ¿Cómo se las apañará el mundillo zapateril para pudrir lo que toca?

OTR/PRESS
 

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