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Home  Opinión  José Cavero
 
Una movilización contra el Gobierno

José Cavero

26/01/2005

A ningún partido le gusta que, desde el partido contrario, le indiquen que tiene elementos impresentables, violentos o 'fachosos', y en ese punto de desencuentro están, ahora mismo, las relaciones del PP y del PSOE, tras la súbita y fugaz luna de miel que los dos grandes partidos vivieron recientemente por razón del encuentro de sus correspondientes líderes y del acuerdo de principio que alcanzaron para afrontar juntos, desde criterios compartidos, las reformas constitucionales y estatutarias que se avecinan. La manifestación del pasado sábado, convocada en principio para protestar contra la posibilidad de que destacados etarras condenados a largos tiempos de privación de libertad pudieran beneficiarse de la redención de pena en unos pocos años, terminó como el rosario de la aurora, por razón de algunos manifestantes que zarandearon, insultaron y a punto estuvieron de vapulear al ministro de Defensa, José Bono. Estos manifestantes airados, según explicó Esperanza Aguirre, sencillamente querían expresar al Gobierno su radical oposición a que en algún momento se pueda producir alguna negociación con la banda armada, conforme se viene hablando, para lograr su abandono de las armas y de la llamada lucha armada o empleo de la violencia.

La situación se ha deteriorado a medida que se conocieron tanto la identidad de los agresores como la circunstancia de que el PP movilizó a sus afiliados de Madrid, por carta, en una circular en la que culpaba al Gobierno de que los asesinos etarras salieran en libertad y para expresar la protesta de los ciudadanos por las excarcelaciones de etarras originadas "por el Código Penal del Gobierno socialista". Es decir, hay inequívoca voluntad, en los convocantes, de llevar a cabo una manifestación perfectamente hostil al Gobierno. Con ese caldo de cultivo, no son de extrañar sus derivaciones agresivas. Desde el primer momento, en efecto, los asistentes a esa turbulenta manifestación sospecharon que el tumulto pudo haberse originado o bien por razón de algunos ultramontanos militantes del PP o por la infiltración de ultramontanos procedentes de áreas ajenas al principal partido opositor. A medida que avanzaron las pesquisas e investigaciones se confirmaba la primera sospecha sobre algunos militantes del propio PP. Ellos serían los energúmenos a los que se apuntó desde el primer momento. La mencionada presidenta del PP regional anunció de inmediato que, de confirmarse estas probabilidades se les abriría el correspondiente expediente. Ruiz Gallardón iba algo más lejos: se les expulsaría del partido. Resulta que el convocante es un cargo medio del PP madrileño, Ángel Garrido, secretario de área de distritos, que invoca la doctrina de "nuestro secretario general" en su carta para movilizar a la militancia "para evitar que las actitudes complacientes del Gobierno se sigan produciendo". Mariano Rajoy y otros dirigentes del PP han aprovechado la ocasión para comparar esta situación con la que se produjo en los días anteriores al 14 de marzo, e incluso cuando las manifestaciones por el desastre del Prestige y contra la implicación de España en la guerra de Irak, cuando los perseguidos, insultados, injuriados, amenazados o zarandeados eran los dirigentes del PP. Echa en cara la dirección del PP que por entonces no se logró solidaridad alguna de la dirección socialista. O sea, que vendría a suceder "lo uno por lo otro" y cada cual con sus propias, exclusivas y peligrosas movilizaciones de masas.

OTR/PRESS
 

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