Baras de medir
Antonio Casado
26/01/2005
Con ocasión de las manifestaciones contra la guerra, que expresaban una real y justa indignación ante la posición del Gobierno Aznar, algunos consideramos exagerado el victimismo del PP ante los insultos que recibieron sus dirigentes. El abajo firmante consideró entonces que aquella reprobación callejera entraba en el sueldo que les pagamos, que no era para tanto, que tenían la piel muy fina y que no habían sido capaces de asumir en la calle, mediante el ejercicio del derecho de manifestación, las consecuencias de sus propias decisiones políticas. En aquel caso, la apuesta belicista de Aznar y su Gobierno.
No hay razón para desechar esa plantilla valorativa si, con los papeles cambiados, son los ministros de Zapatero o los dirigentes socialistas quienes resultan reprobados en la calle por los mismos medios. ¿Cuáles?, los previsibles de un grupo militante que se expresa, arropado por una masa mayor, en medio de una manifestación autorizada: el insulto, el grito destemplado, la amenaza verbal, el amago de agresión, la cara de perro, lo que sea en el terreno de la semántica o de la política, pero no del Código Penal. Por la vía de la gramática o la descalificación política también se cometen excesos. Y ahí se puede discutir si el exceso está más o menos justificado cuando la causa de la manifestación es la guerra del Irak, que no era una causa común PP-PSOE, o la aversión al terrorismo de ETA, que sí lo es.
Pero lo que no puede hacerse es meter en danza a la Policía y practicar detenciones o interrogatorios sin denuncia formal o sin que un fiscal haya actuado de oficio. Eso ya son palabras mayores. A mí me pueden parecer unos cafres de la extrema derecha, como es el caso, estas personas que abuchearon a Bono y Rosa Díez. Eso quedará en el terreno de la discrepancia política o la reprobación de una conducta. Pero no podemos aceptar de ninguna manera que se utilice a la Policía para ajustarle las cuentas al adversario político por instigar la protesta callejera de su gente contra la supuesta flojera del Gobierno ante el terrorismo de ETA. Que el PP incite a su gente para desprestigiar al Gobierno socialista es lógico. Pero no es lógico ni aceptable que el PSOE utilice a la Policía para darle una lección al PP. No, mientras no sea capaz de explicar de una forma convincente cual es el delito cometido que justifica esa extravagante intervención policial.
OTR/PRESS